La Organización de las Naciones Unidas acaba de celebrar su Asamblea General número 76. Siempre se establecen resoluciones que nunca se cumplen, lo que lleva a pensar que el que vio una de esas congregaciones, aunque sea a través de la televisión, puede decir que las ha visto todas.
Los tradicionales temas giran en torno a la paz, la alimentación, el agua, la pobreza, la salud, la educación, era digital, los derechos humanos, la libertad de expresión, economía, deuda externa y el multilateralismo, entre otros.
En las últimas décadas, con motivo del calentamiento global, el “cambio climático” nunca se queda fuera y en esta oportunidad todos los presidentes, jefes de Estado y de Gobierno presentes abordaron “el coronavirus” y sus efectos mundiales y particulares.
Por esos congresos han desfilado, durante décadas, verdaderos estadistas, pero también presidentes demagogos y charlatanes, que al salir del poder son perseguidos por corrupción pública o por estar involucrados en narcotráfico.
La verdad es que en esas sesiones se ha teorizado demasiado sobre temas como la pobreza y la alimentación, pero de un lado del mundo se dispone de abundancia de bienes y de servicios, mientras el otro lado sobresale por la escasez. Es la razón por la cual hay países cuyas poblaciones tienen expectativas de vida que superan los 80 años y otras apenas los 35 y 40.
En la agenda de las potencias no está desprenderse de una ínfima parte de sus riquezas para otorgarlas a los pueblos necesitados. Ni siquiera aportan lo necesario para el desarrollo de proyectos que contribuyan a largo plazo a sacar a los países pobres de la situación en que se encuentran.
Todo indica que para las potencias hay seres humanos de primera y de segunda. De primera son los blancos de países desarrollados, como los de la Comunidad Económica Europea, que no requieren de visa para ingresar a Estados Unidos, porque son turistas.
De segunda son los habitantes de los países en vía de desarrollo, sobre todo aquellos de raza negra y de lugares pobres, como es el caso de los africanos y de los haitianos.
En Estados Unidos se incentiva la llegada de europeos. Simultáneamente a los haitianos ilegales se les persigue a latigazos. Dejémonos de hipocresía. Esas asambleas de la ONU no sirven para nada, nunca ha salido nada a favor de los negros y de los pobres.
Por: Danilo Cruz Pichardo
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