El presidente Danilo Medina solo lleva en el Gobierno 87 días, y, a pesar de la tregua que tradicionalmente otorga la oposición a los nuevos mandatarios, el jefe del Estado ha encontrado en la Policía a su principal adversario.
La actual jefatura policial le ha lanzado a los pies del mandatario un muerto cada 45 horas, incluyendo una profesora, un fiscal, un estudiante de término de medicina, y un preso fusilado en la cárcel de SFM.
En cada oportunidad, el presidente Medina ha dejado entrever su valoración a la vida humana, pero ese discurso todavía no ha sido percibido por quienes dirigen en la Policía.
Mientras la sociedad reclama de manera urgente una reforma policial, en el interior de la institución no existe intención de cambiar el accionar represivo, el macuteo, la complicidad con la delincuencia común, y en algunos casos hasta participación directa en actos reñidos con las leyes.
Los bajos salarios son el argumento de siempre para justificar acciones delictivas de la Policía, sin embargo, eso no tiene nada que ver con su comportamiento represivo ante la población indefensa.
Reprimir con armas letales manifestaciones de descontento de personas que se oponen a que la reforma fiscal lo convierta en más pobre, no es el mejor método que puede ofertar una Policía de un Gobierno que recién inicia.
Tampoco es aconsejable que la Policía haga operativos en lugares oscuros, mientras se hace de la vista gorda ante los delincuentes que mantienen en zozobra los barrios con robos, asaltos y puntos de drogas.
El presidente Medina tiene la responsabilidad de garantizar tranquilidad a una sociedad que ha perdido la capacidad de asombro, tras observar como un hombre asesinaba a un fiscal mientras once policías corrían despavoridos, por temor o complicidad; no lo sabremos.
En estos momentos, hasta desde el punto de vista estratégico, conviene al mandatario remover el manzano policial, a fin de que caigan algunas de las frutas podridas, y la población pueda tener un respiro, aunque sea momentáneo.

