Opinión

La patria de Bolívar

La patria de Bolívar

Las elecciones celebradas el domingo, que revalidaron el mandato del presidente Nicolás Maduro, no resuelven ni alivian la gravísima crisis política y económica que abate a Venezuela, cuyo liderazgo ha desperdiciado todas las oportunidades de encaminar un ejercicio dialogante que garantice la vuelta de la democracia.

Esos controvertidos comicios, objetados por gran parte de la comunidad internacional, no cumplen con el cometido de revestir de legalidad el mandato por otros seis años que reivindica el régimen porque las principales formaciones opositoras no participaron alegando fraude y falta de garantía.

Venezuela se ha convertido en teatro de una guerra no convencional que libran Estados Unidos y la Unión Europea contra Rusia y China Popular, por la prevalencia de la influencia en Asia, Medio Oriente y América, así como por el dominio de fuentes de materias primas y commodities y de los mercados mundiales.

El agravamiento de esa crisis ha motivado la migración de cientos de miles de venezolanos que cruzan las fronteras en dirección a Colombia, Brasil, Chile y otras naciones de Sudamérica o viajan a Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana, en busca de oxígeno económico.

No debería olvidarse que Venezuela es uno de los países con mayores reservas petroleras, además de poseer inmensas riquezas mineras y recursos renovables, pero que hoy padece de una hiperinflación y de grave escasez de alimentos y medicinas, drama que se agrava por las fuertes sanciones económicas que imponen Estados Unidos y la Unión Europea.

Se equivoca el presidente Maduro si cree que los resultados de esos comicios confieren a su gobierno visos de legalidad, más aún si la crisis venezolana ha sido incluida en los portafolios de intereses de las grandes potencias, todas las cuales confieren a ese país una vital importancia en términos económicos y de geopolítica.

Sin menoscabo a los principios de soberanía y autodeterminación, el Gobierno y oposición están compelidos a retomar el camino del diálogo político, antes de que la única opción posible sea la confrontación vestida de guerra civil o de otra forma de tragedia.

El presidente Nicolás Maduro y todo el liderazgo político, económico y social tienen el compromiso histórico de impedir que la sangre llegue al río y de promover acuerdos de largo alcance que hagan posible el retorno a la patria de Bolívar de la democracia, equidad, justicia social, sin la intervención de cínicos forasteros.

El Nacional

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