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La poesía de  Soto Jiménez

La poesía de  Soto Jiménez

Acércate un poco, Superman,

Hablemos y  no llores. 

Consuélate hombre de acero desplazado.

Después de todo no tienes la culpa

de haber nacido superhombre y menos superhombre postergado.

Sé que estas destruido, que ya tu Villa Chica

no es el pequeño pueblo de aldeanos,

donde te recogieron un día desde el cielo.

El cielo está lleno de humo y aquellos granjeros, tus amigos,

son empleados de la Pepsi-Cola. En tu pintoresca

casa de madera ahora se levanta un condominio.

Ya Lina Luna no te quiere, prefiere a los chicos

de las motos. Luisa Lane, cansada de tu mundo de cometas,

se casó con un notario. Ya ves, Lutor no es el hombre

más malo de la tierra, hay peores que él en cada esquina.

El mundo está prohibido para ti.

Donde quiera hay kriptonitas verdes: en las miradas,

en los rostros, en el alma. Ya Brayniak no es el único

ser verde. Superniña se dedicó ahora a practicar

el amor libre. Tu perro Kripto es el compañero de cama

de una viuda y todos tus robots se han ido de parranda.

Cómo se equivocó Sor-El, tu padre, al escogerte la tierra por morada.

Ya Jaime Olson no es tu amigo, prefiere a los narcotraficantes.

La legión de los superhéroes es una dependencia de un partido

político extremista y tú no sabes de eso, Supermán.

Que suerte la tuya supercamarada, ultradefensor

de la justicia. Cuanto hubieras deseado atravesar

tu pecho de acero con un lirio

para acabar con tu superaliento o tu supermirada

de galaxia.

Clark Kent o Supermán tienen que morir. Es

esa la ley y tú lo sabes. Estas destrozado, Supermán.

Tampoco los niños quieren saber de ti, los muchachos

del orfelinato se aburren con tus historias.

Debes de saber que las cosas han cambiado y hasta

Tú pasaste de moda.

Vete, triste hombre volador, de cabello azul oscuro,

acude a refugiarte en aquel pedazo de tu patria kriptoniana

que guardas en tu olvidada fortaleza del Polo. Vete allá,

o a cualquier parte del cosmos, lejos de este Sol

aunque pierdas tus superpoderes. Aquí ya no te quieren

para nada. Y es justo, porque después de todo,

eres un Supermán entre otros supuestos superhombres.

Superman II

Supermán, prótesis de nuestra angustia,

Aderezo de nuestra ansiedad por querer ser lo que no somos,

sustituído, víctima

de la producción interminable,

superhombre utilizado, simple objeto

del consumo, Ícaro  del offset,

hombre sin risa ni instrumento, cosmogónica y kriptonianamente

triste para siempre,

te creíste que eras también la verdad y la vida,

te cambiaron por la Playboy y sus rubias muchachas irreales.

Supermám, tonto útil, doble agente sin saberlo,

derechos reservados, quince centavos la historieta,

todos queriendo vivir en nuestras impotentes vidas,

un supermomento real  y circunscripto. Supermán,

vendrán falsos profetas en tu nombre,

pero ninguno con tu tristeza de órbitas lunares, superlativo de una imaginación cándida y mansa,

El Nacional

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