Acércate un poco, Superman,
Hablemos y no llores.
Consuélate hombre de acero desplazado.
Después de todo no tienes la culpa
de haber nacido superhombre y menos superhombre postergado.
Sé que estas destruido, que ya tu Villa Chica
no es el pequeño pueblo de aldeanos,
donde te recogieron un día desde el cielo.
El cielo está lleno de humo y aquellos granjeros, tus amigos,
son empleados de la Pepsi-Cola. En tu pintoresca
casa de madera ahora se levanta un condominio.
Ya Lina Luna no te quiere, prefiere a los chicos
de las motos. Luisa Lane, cansada de tu mundo de cometas,
se casó con un notario. Ya ves, Lutor no es el hombre
más malo de la tierra, hay peores que él en cada esquina.
El mundo está prohibido para ti.
Donde quiera hay kriptonitas verdes: en las miradas,
en los rostros, en el alma. Ya Brayniak no es el único
ser verde. Superniña se dedicó ahora a practicar
el amor libre. Tu perro Kripto es el compañero de cama
de una viuda y todos tus robots se han ido de parranda.
Cómo se equivocó Sor-El, tu padre, al escogerte la tierra por morada.
Ya Jaime Olson no es tu amigo, prefiere a los narcotraficantes.
La legión de los superhéroes es una dependencia de un partido
político extremista y tú no sabes de eso, Supermán.
Que suerte la tuya supercamarada, ultradefensor
de la justicia. Cuanto hubieras deseado atravesar
tu pecho de acero con un lirio
para acabar con tu superaliento o tu supermirada
de galaxia.
Clark Kent o Supermán tienen que morir. Es
esa la ley y tú lo sabes. Estas destrozado, Supermán.
Tampoco los niños quieren saber de ti, los muchachos
del orfelinato se aburren con tus historias.
Debes de saber que las cosas han cambiado y hasta
Tú pasaste de moda.
Vete, triste hombre volador, de cabello azul oscuro,
acude a refugiarte en aquel pedazo de tu patria kriptoniana
que guardas en tu olvidada fortaleza del Polo. Vete allá,
o a cualquier parte del cosmos, lejos de este Sol
aunque pierdas tus superpoderes. Aquí ya no te quieren
para nada. Y es justo, porque después de todo,
eres un Supermán entre otros supuestos superhombres.
Superman II
Supermán, prótesis de nuestra angustia,
Aderezo de nuestra ansiedad por querer ser lo que no somos,
sustituído, víctima
de la producción interminable,
superhombre utilizado, simple objeto
del consumo, Ícaro del offset,
hombre sin risa ni instrumento, cosmogónica y kriptonianamente
triste para siempre,
te creíste que eras también la verdad y la vida,
te cambiaron por la Playboy y sus rubias muchachas irreales.
Supermám, tonto útil, doble agente sin saberlo,
derechos reservados, quince centavos la historieta,
todos queriendo vivir en nuestras impotentes vidas,
un supermomento real y circunscripto. Supermán,
vendrán falsos profetas en tu nombre,
pero ninguno con tu tristeza de órbitas lunares, superlativo de una imaginación cándida y mansa,
