Opinión

La privatización en pie

La privatización en pie

Cuando el Gobierno decidió nombrar a un empresario como vicepresidente de la Corporación de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE), la gente común pensó que el sistema energético mejoraría, dado que la persona escogida tiene impresionantes éxitos como ejecutivo privado.

Sin embargo, las cosas van de mal en peor, no solamente por los apagones, sino también por la paralización de  pequeños proyectos hidroeléctricos que estaban en carpeta, incluso con financiamiento internacional asegurado. Las versiones  indican que otro proyecto que será paralizado es  las Presas de Las Placetas, el más importante, pues está previsto que produzcan 87 megavatios. De esto nadie ha hablado, aunque se trata de una forma de producir energía barata sin necesidad del uso del petróleo.

Los pronunciamientos de Celso Marranzini a favor de la privatización de las generadoras, evidencian cómo van las cosas, sobre todo porque ahora  ese funcionario asumió el control directo de las tres distribuidoras, con el supuesto fin de “enderezar y uniformar”  acciones. Los administradores de Edeeste, Edenorte y Edesur serán gerentes encargados de ejecutar las líneas trazadas por el consejo. Es decir, se hará  lo que decida el empresario.

No nos sorprendería si    se anuncia que las hidroeléctricas serán también privatizadas, lo que  lleva a preguntar cómo se manejaría una obra de uso múltiple, con aguas represadas para fortalecer el sistema de riego. 

En otro aspecto, están las presiones de los organismos internacionales que obligan al Gobierno a pagar las deudas a los generadores. El Gobierno se hizo de la vista gorda al designar a un productor de electricidad como jefe de la CDEEE. Eso crea conflicto de intereses, aunque el incumbente tenga alta capacidad gerencial.

Uno  pregunta, además, por qué no se pone en función plena la Presa de Jagüey, que aportaría 50 megavatios. El problema se arrastra desde la tormenta Noel, hace tres años.

Los problemas eléctricos son más graves de lo que se publica, pero no tendrán solución a corto plazo. Y, si no se acogen las alternativas conocidas, se harán mayores.

El Nacional

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