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La rebelión de los capitanes

La rebelión de los capitanes

El laureado historiador Roberto Cassá acuñó hace algunos meses su investigación titulada “La Rebelión de los capitanes, viva el rey, abajo el mal gobierno”, que versa sobre acontecimientos acaecidos  en la Española al inicio del mal conocido siglo XVIII. 

El autor ahonda en esta monografía de 500 páginas en el conflicto social que opone la comunidad de Santiago al capitán general y gobernador Fernando Constanzo, en un periodo que va del  1718 al 1724, y donde aflora la recurrente cuestión del comercio y contrabando en la zona fronteriza de la isla. 

Era la época del reinado de Felipe V, modernizador de la administración imperial, cuya decisión de repeler  el contrabando en los territorios de allende el mar, es acatada con doblez y petulancia por su gobernador de la Española, en desmedro de la paz social.

En efecto desde Santiago y a través de la zona fronteriza, el comercio de ganado vacuno y caballar es intenso; Santiago posee alrededor de veinte mil almas. Su prosperidad, su armonía social, se asientan en la economía hatera.

Cassá muestra con minucia cómo Constanzo, prevaleciéndose de un engañoso rigor administrativo, intenta poner coto a un comercio que juzga ilícito.

En realidad  es reacio a ver la nobleza santiaguera y el pueblo redefinir  una cierta autonomía territorial  y negociar directamente con comerciantes franceses.

El gobernador apela a la falta de escrúpulos de su lugarteniente Isidro Miniel, con el fin de imponer gravámenes e impuestos indebidos,  o la extorsión pura y simple de bienes, todos  lejanos parientes  del actual   ”macuteo” fronterizo.

Soldados, administradores y el propio Constanzo, se benefician de esta extorsión fiscal, que encarece los artículos importados desde Saint Domingue, impide el libre flujo de ganado,  asomándose de ese modo el fantasma de la pobreza y la posible relegación de Santiago.

Crece el descontento; los sectores hateros encarnados en la nobleza  y los  oficiales, ven no sólo en las pretensiones de Constanzo una ímproba manera de captar recursos, sino abusivas  gesticulaciones  de una burocracia ineficiente y parasitaria.

Santiago Morel, el alcalde santiaguero hace acopio de coraje, asume la oposición regional a las actitudes prevaricadoras del gobernador.

La presencia intransigente de cuatro capitanes a su lado, le dieron un cariz militar al conflicto, y un aura de protección a la población.

Los rebeldes, al ver  persistir Constanza y sus secuaces en impedir el comercio fronterizo, claman vítores a favor del rey Felipe V y espetan contra el mal gobierno, a fin de reafirmar su fidelidad a España y a las leyes que rigen el sistema, e impugnar  así el espíritu autocrático y venal del gobernador.  La resistencia se organiza.

Constanzo  crea  expedientes imaginarios contra los capitanes con el fin de denostarlos.

Esgrime la absurda acusación de corrupción e insumisión, y maniobra a fin  de que la nobleza santiaguera se desentienda de las reivindicaciones iniciales y se aísle así a la plebe y los capitanes.

Estos son apresados, y Cassá muestra a través de un breve inventario del ajuar y efectos personales  de estos rebeldes soldados de su majestad, la vida humilde y frugal llevada por ellos, y la ausencia de codicia en su proceder. Padecieron injurias y presidio con dignidad.

El mérito más relevante de esta obra, es el de haber dilucidado con fineza un rasgo fundamental  del comportamiento del ser, que Cassá denomina, con sutil penetración antropológica,  “protodominicano”, ancestro del dominicano actual: una marcada tendencia de la plebe, los nobles y hasta los esclavos a fraternizar en luchas sociales contra los abusos y la altanería burocrática, y la constitución de un singular perfil comunitario, basado en un vivir fraguado en el paternalismo nobiliario  y la solidaridad,  que trascendería la cuestión racial.

Huelga subrayar la escritura del historiador. No se  enzarza en rodeos verbales ni en jerigonzas teóricas. Desmenuza con donosura y un sorprendente talento de narrador el intricado conflicto social.

Los lectores deberían  adquirir este libro imprescindible para comprender el proceso identitario tortuoso pero apasionante en el que se debatieron los ancestros del dominicano.

Está a su disposición en las ediciones del Archivo de la Nación, institución  dirigida con diligente rigor por el autor del libro. 

El Nacional

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