Opinión

La reforma integral

La reforma integral

La proclamación de una nueva Constitución en enero pasado y el triunfo avasallante del oficialismo en las pasadas elecciones congresuales y municipales, crearon grandes expectativas en variados litorales políticos.

 Hubo muchos que consideraron “bastante democrática” la nueva Carta Magna, no obstante haberse descartado la figura de la Asamblea Constituyente.

En cuanto al predominio del partido gobernante en el Congreso Nacional, hay muchas formas de interpretarlo.

Hay quienes sostienen que es dañino para la democracia que no exista un contrapeso oposicionista, especialmente en el Senado, mientras los vinculados o simpatizantes con el oficialismo lo estiman halagüeño, bajo el argumento de que esa aplastante mayoría permitirá realizar los cambios que el país requiere.

Nosotros pensamos que jamás podrá fortalecerse la democracia y aplicarse una reforma integral, si no hay una participación directa del pueblo en el único mecanismo que la garantiza: la Asamblea Constituyente.

Hasta ahora, los pocos cambios económicos, políticos y sociales que se han realizado en nuestro país, han dependido de la sola voluntad de un hombre o de un Congreso que es su servidor, sin que se haya tomado en cuenta a los grupos populares y profesionales debidamente organizados.

Hay dos puntos fundamentales que debemos analizar.

Uno es el de la educación. En el país no se ha puesto en marcha todavía una verdadera campaña para eliminar el analfabetismo, como tampoco se ha creado una escuela que sea forjadora de una conciencia nacional crítica y avanzada, que contribuya a dar impulso a los reclamos del pueblo.

El otro es el de la Reforma Agraria, que fue originalmente impulsada dentro del esquema de la Alianza para el Progreso propuesta por el asesinado presidente de Estados Unidos John F. Kennedy,  a principios de la década de 1960.

El Nacional

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