Opinión

La situación actual

La situación actual

Los que seguimos de cerca el desarrollo de los acontecimientos del país, estamos preocupados por lo que ocurre en  lo económico, lo político y lo social.

Esos tres aspectos  son fundamentales. Cuando el 30 de mayo de 1961 un grupo de valientes puso fin a la tiranía, muchos pensamos que a mediano plazo se iniciaría un proceso institucional  del cual pudiéramos sentir orgullo, pero  no ha sido así.

Hoy, crecen los grandes problemas  y los indefensos ciudadanos no sabemos qué hacer. Miles de jóvenes, ante la falta de oportunidades, han tomado caminos equivocados. La modernidad, con todas sus sofisticaciones, ha tomado por asalto el raciocinio de quienes se supone relevarán a los actuales dirigentes. En la actualidad, un niño de cinco años  sabe manejar un equipo de computadora, mientras no pasa de curso y escribe con falta de ortografía.

Justo en estos momentos circula un libro de René Fortunato sobre la vida, gobierno y obra de Juan Bosch, circunstancia que uno puede aprovechar para preguntarse si ese ilustre estadista y escritor, siendo presidente, habría tolerado las artimañas e indelicadezas de mucha gente que solo piensa en enriquecerse.

Nosotros recordamos que durante su efímero Gobierno, que surgió de las urnas con una de las más grandes votaciones en toda nuestra Historia, Bosch decía que no tenía “arientes ni parientes” en el caso de que algún colaborador suyo “metiera la pata”, apropiándose de bienes del Estado o valiéndose de él para ascender económica y socialmente.

El libro de Fortunato tiene un soterrado mensaje de advertencia a quienes tengan en sus mentes ideas tan descabelladas.

En los casi 50 años transcurridos desde 1961 el pueblo dominicano, si bien tiene múltiples carencias, ha creado  en su Vía Crucis una conciencia  que más temprano que tarde se dirige a las metas de lograr una mejor Nación, en la que cada ciudadano disfrute de paz, armonía y tenga satisfechas por lo menos sus necesidades básicas.

Es cierto que nos falta mucho, pero tenemos la esperanza de que eso se logre. No es posible que nos venza  el pesimismo.

El Nacional

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