Con la llegada de cinco nuevos jueces, se le da fuerzas a la Suprema Corte de Justicia. Tiene sangre nueva para poder hacer frente a su trabajo diario. Es una visión rejuvenecida, donde se van a integrar la experiencia, y la visión modernista.
Lo más impactante es que se buscó una Suprema Corte de justicia institucional y académica, fuera de los tradicionales repartos de cuotas con los partidos políticos mayoritarios. Ahora se tomó en cuenta la hoja de vida de cada aspirante, y se escogieron los mejores.
Era una viejo anhelo de la comunidad nacional que se dejara atrás el reparto de cuotas entre los partidos, y se fuera a conocer la hoja de vida de cada aspirante, para proceder a escoger a los más independientes, y a los que presentaban mejor proyección.
Esto da una sabia nueva que estaba necesitando la Suprema. Con cinco nuevos jueces se podrá hacer frente a las aguas turbulentas en la aplicación de un estrenado código penal, y otras reformas estructurales.
Los magistrados recién llegados tendrán un arduo trabajo por delante, donde el pueblo estará observando su independencia de criterios y su valoración de acuerdo a la aplicación del derecho.
Lo que está bien claro es que no serán jueves timoratos, ni que se postraran de rodillas, porque en su historial público siempre han dado demostración de reciedumbre. Eso era lo que se necesitaba, magistrados con nuevas ideas, para unirlas a la experiencia.
De paso, es una Suprema rejuvenecida, porque la mayoría de sus integrantes son ahora magistrados jóvenes, aunque con un cúmulo de una gran experiencia en el ejercicio profesional. No obstante, sobre los nuevos magistrados debe siempre estar pendiente la valoración popular.
Los jueces hablan por sentencia y no en la vocinglería de la multitud. De ahí que tenemos confianza de que estos magistrados sabrán ser discretos con los casos asignados y actuar de acuerdo a su conciencia.
Ello es difícil en un país donde las pasiones sociales, económicas y políticas parecen normarlo todo.
A veces los criterios personales quedan arrollados por la turbamulta, y el dejar hacer y el dejar pasar.
En la Suprema Corte de Justicia no hay momento para ser indecisos y evitar los compromisos.
De hecho solo hay una obligación que es inviolable: es la verdad. Junto a cada magistrado debe haber la responsabilidad de ser defensor acérrimo de la verdad, que es la mejor forma de hacer justicia. Los dominicanos tienen confianza en la Suprema, y esperan ver su trabajo.
Por: Manuel Hernández Villeta
