Editorial

La tragedia

La tragedia

Los 35 segundos más pesarosos que recuerda la humanidad transcurrieron hace un año en Haití donde   un devastador terremoto causó más de 200 mil muertos, destruyó casi toda su infraestructura, en tragedia sin par, agravada hoy por una cruenta epidemia de cólera y un virtual caos político.

En un abrir y cerrar de ojos, esa empobrecida nación perdió  el 120 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB), mucho más de todo lo que pudo acumular desde los tiempos de la esclavitud, hace más de dos siglos.

A un año del holocausto, Haití no ha podido mudar un paso hacia adelante. Por el contrario, sus males se agravan con  el surgimiento del cólera que ha  causado más de tres mil muertes y contagiado a  más de 50 mil  personas.

La Organización de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) estima que casi un millón de niños sin padres, hambrientos, enfermos y descalzos deambulan por Puerto Príncipe, ciudad fantasmagórica donde miles de damnificados del  seísmo todavía se guarecen en  endebles carpas.

Haití sufre hoy del olvido, abandono e indiferencia de una comunidad internacional que no ha cumplido su promesa de  consolidar un fondo de once mil millones de dólares para su reconstrucción. Los escasos desembolsos no alcanzan para remover los escombros, construir viviendas, reparar escuelas, hospitales ni vías de comunicación.

Las grandes metrópolis han puesto más atención  al curso de  unas fallidas elecciones presidenciales que  al clamor   de millones de haitianos por  techo, comida y medicina.

El liderazgo haitiano, al que el mentado primer mundo insiste en vestir con traje de una democracia inhábil, ha resultado un fiasco en la conducción del proceso de reconstrucción, por lo que puede decirse que Haití es hoy un pueblo huérfano y abandonado.

No se olvide que el fatídico terremoto del 12 de enero de 2010 se produjo  en el lado Este de la Isla Hispaniola, donde también se asienta República Dominicana, por lo que  su anatomía social, política y económica también sufre el dolor  que agobia a su vecino.

 Los dominicanos,    como cirineos del pueblo haitiano,  reclaman  de la comunidad internacional cumplir su obligación de   financiar la reconstrucción de Haití y de ayudar a su gente a levantarse y poder cumplir  su anhelo de  vivir con dignidad.

El Nacional

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