Por Elvis Valoy
(elvis.valoy@gmail.com).-
Fascinantemente esperada, adorablemente deseada y vehementemente buscada, está la vacuna que inmunizará a los seres humanos del COVID-19.
El pistoletazo que le dio inicio a una carrera contra el reloj en el que los más grandes laboratorios y las más prestigiosas universidades se han embarcado en el proyecto de detectar el antídoto que liberará del patógeno a la humanidad.
Empero, sin suerte ha corrido la gente que padece de sida, chikungunya, cáncer, y otras enfermedades que la ciencia y la tecnología han olvidado sin esperanza de encontrar algún medicamento que los libere de sus males, todo eso a pesar de que del VIH ya suman más de 30 millones las personas muertas por esta terrible dolencia.
Se cuentan por cientos las instituciones que se esfuerzan en la fabricación del remedio que inocule el padecimiento del COVID-19. La universidad de Oxford viene probando con éxito una vacuna en monos que augura podría estar lista para humanos en septiembre. En China tres compañías trabajan afanosamente en la cura del trastorno.
Grandes firmas trabajan día y noche en la nosogenia del coronavirus, investigando para descubrir la fórmula que lo prevenga: Entre esas están los laboratorios Pfizer, Israel con tres entidades que se esfuerzan en el hallazgo de la pócima e igualmente Cuba, Francia, Alemania, que batallan por dar con el anhelado fármaco.

