POR: Chiqui Vicioso
luisavicioso21@gmail.com
Es famosa la historia de la familia que se empeña en vivir en una casa grande y con muebles lujosos aunque no tenga para comer, entendiendo que en Republica Dominicana el arte mayor es vivir de las apariencias.
Este culto a la apariencia también se aplica a la arquitectura. Hay otra anécdota famosa sobre un delegado de la UNESCO quien al ver como se estaba reconstruyendo el muro que separa a la Zona Colonial de Ciudad Nueva le dijo al entonces presidente Balaguer que si se restauraba así pronto nos convertiríamos en otra Disney World. Se dice que Balaguer, sin inmutarse, le respondió “no se preocupe, dentro de 500 años ese muro será antiguo”.
Pienso en ambas anécdotas ahora que sufrimos la remodelación de las calles de la Zona, donde se están eliminados las aceras para convertirnos en una ciudad de Canarias. Según los planificadores se pondrán mesitas con paraguas y asientos donde tomarse un vinito o un café, en todas las calles que se restauren, para que el área sea acogedora al turismo que según cálculos nos invadirá a su debido tiempo.
Empero, mientras se replantean las calles, el Conde de noche es una boca de lobo que aterroriza a los y las transeúntes; y las calles aledañas un predio de caza para los asaltantes. En lo que va de año ha ocurrido mas de una docena de asaltos en la Nouel, calle que la gente que trabaja elige en vez del Conde por temor a la oscuridad.
Los que asaltan son cuatro y andan en un automóvil, donde no se ve un solo policía patrullando. Parece que estos creen que una vez ya son las cinco de la mañana los ladrones se van a acostar, cuando es todo lo contrario. Lo prioritario seria entonces iluminar las calles y crear otra policía ya que Politur no aparece ni por los centros espiritas.
A quienes rediseñan la Zona, y planifican hasta las personas que debemos vivir en ella, les recomiendo que estudien como se han revitalizado las zonas coloniales en países como Expaña por ejemplo, en ciudades como Valencia, donde la zona colonial es hoy lugar favorita de artistas y artesanos y atrae por ende a todas las personas a quienes les pueda interesar el arte y la cultura.
Convertir las casas coloniales en hotelitos de lujo, podría ser una inversión fallida si la Zona se reduce a un área de bares y restaurantes, desierta después de ciertas horas de la madrugada y durante el día, sin comunidades que le den vida. ¿Cómo articular a artistas y artesanos a este proceso? Ahí está la garantía y el éxito de la reanimación de la Zona.

