Opinión

Lamento borincano

Lamento borincano

En 1929, cuando comenzó la Gran Depresión con el desplome de la bolsa de Nueva York que arrastró a todas las economías, Rafael Hernández, el famoso compositor boricua que residía en la urbe solo pensaba en su país. En medio de la debacle económica, cuyos efectos se sentían desde el Tratado de Versalles, que puso fin la Primera Guerra Mundial, Hernández retrató las condiciones políticas, sociales y económicas de Puerto Rico a través de la canción más famosa de la isla, que cantó con su trío Borinquen: “Lamento borincano”.

Ese Puerto Rico nostálgico, pasivo, indiferente, que ha visto caer sus grandes símbolos, ha esperado 90 años para rebelarse, picado por el amor propio. Esa explosión social que obligó a renunciar al gobernador Ricardo Rosselló, principal objetivo de las protestas, tiene muchas lecturas, de las cuales una de las principales es que no hay poder que valga cuando los pueblos dicen basta. Con tanto tiempo soportando, como si nada les importara, era impensable que los boricuas, que viven bajo un régimen político muy especial, se levantarían un día indignados por algo tan aparentemente inocuo como unos chats insultantes.

Es posible que en su fuero interno los boricuas deseen ser un territorio libre, soberano e independiente, pero estiman que lo más conveniente políticamente para ellos es su condición de Estado Libre Asociado. Es un sentimiento que tiene que respetarse de la misma manera que algunas territorios de ultramar de naciones europeas rechazaron la independencia que se les ofreció para seguir atadas a las metrópolis.

(Por cierto, sería bueno saber cómo respondería el común de los dominicanos si le plantean la posibilidad de gozar de un estatuto político como el de Puerto Rico o hasta de ser una simple colonia de España, Francia, Alemania, Holanda o Inglaterra).

Los boricuas que se levantaron no solo demandaban respeto, sino también justicia frente a las denuncias de corrupción. El gobernador Rosselló, de 40 años y del Partido Nuevo Progresista (PNP), había sido duramente criticado por su gestión de la crisis a raíz del huracán María, la tormenta que según cifras oficiales dejó tres mil muertos, pero según una investigación de la Universidad de Harvard las víctimas superan las 4,600 personas.

Los dardos del presidente Donald Trump, quien responsabilizó a las autoridades de mal administrar los recursos, motivaron una investigación que culminó con la acusación contra exfuncionarios y contratistas por conspiración para cometer fraude, robo, lavado de dinero y otros delitos. Un escándalo.

La carga se tornó insoportable para el pueblo que, a diferencia de la canción que representa el jibarito, en lugar de esperar ha decidido actuar.

El Nacional

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