El Hombre de Acero, el más signado de los superhéroes de DC Comics, ha vuelto a pantallas, con una espectacularidad sin precedentes imponiendo un acento épico en sus confrontaciones, una selección cuidadosa y costosa de sus talentos y un manejo de los instrumentos del lenguaje técnico del cine propio de quien tiene un presupuesto de 250 millones de dólares y un director que sabe lo que gusta a la taquilla de todo el mundo.
Es un fenómeno de mercado y convocó largas filas en Palacio del Cine y Caribbean Cinemas, cadenas que han dispuesto de muchas salas para su exhición. A favor de Superman está su fuerte presencia el imaginario social, la forma épica en que se ha introducido este reinicio de la franquicia Superman; la perfección de los efectos especiales que esta vez logran el vuelo más fluido y perfecto del Superman y el efecto del Boca-Boca.
Se trata de un espectáculo visual, de diversión pura a la que contribuyen decisivamente, además de los efectos especiales, la edición, fotografía, sonido y dirección de cámaras
Luisa Lane salió de su rol tradicional y está sobre expuesta: aparece en casi todos los sets desde su primera aparición. Demasiada Luisa Lane por doquier.
Warner Bros Pictures no escatimó nada. Puso sin discutir mucho en manos la producción, 250 millones de dólares para invertir con criterio de primer nivel: esmero y bolsillo para incluir entre los talentos a reconocidos actores de talento y taquilla: Michael Shannon, Amy Adams, Kevin Costner, Laurence Fishburne, Russell Crowe, en lugar de seguir la línea de producciones anteriores de rellenar con talentos clase B, para ahorrar recursos.
Encontramos que Michael Zhannon (el general Zod), siendo antagonista y apareciendo menos en pantalla, histriónicamente está por encima del atlético inglés Henry Cavill, (Supermán), quien es manejado con primerísimos planos.
Cavill es todo un atleta y en la película se explota bien su figura, especialmente cuando sale del agua tras el rescate de los obreros de la plataforma minera.

