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¡Las doce!

¡Las doce!

Como si hubiera sonado “el pito de las doce”,  el reloj biológico  ha emitido una señal: a comer.  El trabajador devora con visible gusto su manjar y procura que el caballo, fiel compañero,  haga lo mismo. La escena fue captada  en las cercanías del mercado de Villa Consuelo.  Foto Jorge González

 

El Nacional

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