¿Cuáles fuerzas sociales se esconden en la población inconforme y que solicita se satisfagan sus carencias, acumuladas por deficientes voluntades políticas?
¿Son fuerzas latentes, escondidas, de amor o son apasionadas fuerzas inconformes llenas de odio ciudadano, ante un cuadro donde prima la pobreza, la falta de educación doméstica y cívica?
¿Qué ha de suceder si se desatan y se desbordan por las calles, por los barrios, por los pueblos?
¿Es que estamos ciegos o no tenemos la sensibilidad normal para sentir las quejas de tanta gente que organiza huelgas en todos los niveles?
Detrás del biombo de las universidades se esconden fuerzas atormentadas, con altos niveles académicos, también palpitando, latentes, solidarizándose mentalmente con las protestas diarias que con sus pancartas, cartelones, piden agua, arreglo de calles, electricidad continua, escuelas, justicia con la balanza honesta.
¿Y si aparece un líder de verbo inquieto, con lenguaje populista, conocedor de la idiosincrasia dominicana, manejador del lenguaje que incendia y encauza tantas aspiraciones populares? ¿Hacia dónde iremos?
Los conductores actuales de la cosa pública deben ir tomando nota y asimilar la historia política y no mantenerlo en la geo, en la parte geográfica y mantener el ritmo del desarrollo, escapar de lo anecdótico y ver la realidad de un pueblo que se está quejando a diario. Así pensaría cualquier humilde representante de una ciudadanía que aspira justicia, pago de la deuda social.
Pensamos que la mayoría de los políticos está fallando. Alguien dijo que la política es una cosa tan seria que no se debería dejar en manos de los políticos.
Tenemos una clase dirigente, actual y anterior en el tiempo, que piensa y hasta se lo cree, que la población dominicana no posee recursos intelectuales suficientes para mantener fuerzas escondidas que podrían salir de la pasividad y constituir un serio problema de gobernabilidad.
Y es que contamos con un montón de ineficientes intelectuales de patio enganchado a políticos. Corrompen el sistema democrático.
En fin, ¿son las fuerzas del amor de un pueblo, o son las fuerzas del odio las que se podrían desatar si no se satisfacen los temas prioritarios de la deuda social acumulada durante varios períodos constitucionales?
Parece ser que dirigentes de alta calidad se están dando cuenta y solicitan solidaridad, unidad, en presencia del rumor creciente que identifica a las fuerzas escondidas
