El 20 de mayo de 2012, Leonel Fernández descargó todo su poder y odio hacia el PRD, mediante represión que dejó un saldo de varios muertos, heridos y centenares de dirigentes apresados y perseguidos.
Adicionalmente, se ensañó contra el periodista Guillermo Gómez, desplegando una enorme fuerza militar sobre su residencia y sus propiedades. Finalmente, de forma abusiva, le apresó a un hijo, bajo la imputación de hackear el correo electrónico de Margarita Cedeño.
Dudo que haya ocurrido hackeo, pero, en todo caso, ¿a quién no han hackeado en este país? Al correo del autor de este artículo han penetrado más de 20 veces y cambian la contraseña. Logro recobrarlo gracias a las respuestas de las preguntas de seguridad.
En ningún caso, sin embargo, me he querellado, pues eso proviene regularmente de los organismos de seguridad del Estado y acudir a la justicia de Leonel es perder el tiempo. (La justicia dominicana siempre ha sido mala, pero ahora no hay justicia).
El artículo 44 de la Constitución y la Ley 53-07 condenan los delitos de altas tecnologías, pero solo son aplicables cuando las supuestas víctimas están vinculadas al príncipe, su entorno familiar y al círculo de personas íntimas o miembros del todopoderoso Comité Político del PLD.
Para los demás ciudadanos no hay justicia. Máxime si denuncia, como Guillermo Gómez, la fiesta de malversación de fondos públicos en las gestiones de Leonel Fernández. Solo hay abuso de poder y humillaciones.
Cuando las humillaciones provienen de hombres (igual que uno), que se valen de su poder, producen una sensación de impotencia y quedan emociones reprimidas que podrían dañar la salud. Emociones reprimidas en un grupo de patriotas provocaron el enfrentamiento al jefe el 30 mayo de 1961. Hay momentos en que la persona se despide de la familia.

