Opinión

Las viejas coyunturas

Las viejas coyunturas

Tomando como excusa la crisis política acaecida en el país entre mayo y junio de 1980, Pedro Catrain y José Oviedo publicaron ese año «Estado y Crisis Política», un texto que, según sus autores, “proponía realizar un análisis de coyuntura para lograr —al mismo tiempo— captar las dimensiones más profundas de las contradicciones sociales del país».

El discurso del texto, aunque aborda la correlación de fuerzas de los grupos protagónicos, expedita el camino para explorar una advertencia, la cual desemboca en lo que Gramsci considera «un período de constitución-unificación de la clase dominante» (Gramsci: El concepto de hegemonía, México, 1978) y, por consiguiente, la reconstrucción del aparato hegemónico.

Sobre esta advertencia, Catrain y Oviedo enlazan el requerimiento de una izquierda nacional coherente, capaz de enfrentar al aparato hegemónico y a los intelectuales orgánicos.
Aunque la palabra “coyuntura” se ha convertido en un keyword (palabra que designa un concepto básico de la evolución cognoscitiva en un determinado período), ésta pertenece al pensamiento de Marx, siendo rescatada por Lenin al asociarla a una equivalencia de “momento actual”, que es —como explica Poulantzas— «el objeto específico de la práctica política» (Poulantzas, El Estado capitalista, 1976).

El propio Poulantzas enuncia que «el concepto de coyuntura está situado en Lenin en el campo de las prácticas y la lucha de clases». Así lo hacen saber Catrain y Oviedo: «los análisis de coyuntura tienden a situarse como simples reproductores del ‘sentido común’, cayendo en el terreno del periodismo descriptivo”.

No obstante explicar el alcance de la coyuntura —al hilo de Poulantzas—, los autores se empecinan en aparecer ellos como los auténticos «lectores» del objeto susceptible de reflejar la individualidad histórica: la crisis de mayo y junio del 1980.

Aún «Estado y Crisis Política», de Catrain y Oviedo, hubiese alcanzado la base didáctica para un determinado programa de aprendizaje, las posibilidades de una reiteración del conocimiento teórico no hubiesen servido de pasaporte para lo que Lukács articula como «la constitución de una unidad mental orgánica»(Prolegómenos, 1957). Inclusive, el capítulo primero del ensayo («Precisiones Teórico-Ideológicas») abusa del lector medio a través de una tipografía que estalla con la sobredosis de una palabra: «coyuntura», o «coyuntural», o «coyunturalismo», que golpea alrededor de 60 veces los ojos del estudioso en menos de 20 páginas.

Claro, Catrain y Oviedo se excusan al final de ese capítulo y explican que el texto «quiere hacer una aportación a la teorización concreta de la relación Estado-Sociedad en RD, en los términos de una coyuntura específica que condensa un haz de relaciones de fuerzas determinadas».

Aparte de los encuentros a cada rato con Poulantzas, el leitmotiv del ensayo es Antonio Gramsci (1860-1937), inspirador fundamental del texto. Y es que las teorías de Gramsci —dentro de los intelectuales estudiosos de Marx—, se convirtieron en aquellos neurálgicos años de la guerra fría en una verdadera fuente de estudios y monografías, los cuales arroparon las islas caribeñas, deslumbradas ya por los resplandores de la revolución cubana .

El Nacional

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