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Lectura de crisis haitiana

Lectura de crisis haitiana

Luis Pérez Casanova

Sepultar los fantasmas que han perturbado su historia se ha revelado como una tarea imposible para una nación como Haití, la primera en el continente en abolir la esclavitud.

La crisis política provocada por la ambición del presidente Jovenel Moise de permanecer en el poder a cualquier precio, en violación del sistema institucional, por demás muy precario, podrá verse como expresión de la inestabilidad social y política que ha caracterizado el país desde el gran acontecimiento que representó la proclamación de su independencia en 1804.

Salvo contadas excepciones, Haití solo ha conocido la estabilidad bajo dictaduras. La más cruenta ha sido la de Francois Duvalier (1957-71) y la de su hijo Jean Claude, quien heredó el poder hasta que en 1986 fue obligado a abandonarlo y huir despavorido del país por una revuelta popular.

Las esperanzas de que la nación se enrumbaría por el sendero de la estabilidad política no tardaron en desvanecerse tras la elección y destitución del presidente Jean Bertrand Aristide.

Pero la actual crisis tiene otra connotación social y política. Evidencia la determinación de los haitianos de sobreponerse a la pobreza en aras del respeto a las leyes y en rechazo a atisbos dictatoriales.

Las masivas protestas en demanda de que Moise acate tanto la Constitución como la decisión del Poder Judicial en el sentido de que el período para el cual electo terminó el 7 de este mes demuestra que en la nación existen sectores interesados en dejar atrás el pasado e impulsar la institucionalidad.

En un país que nada produce, que subsiste en gran medida gracias a la asistencia de la comunidad internacional y a las oportunidades que encuentran sus habitantes que emigran de manera legal o ilegal a República Dominicana, se trata de un espíritu aleccionador.

Por ahora han resultado infranqueables los obstáculos con que ha tenido que lidiar la nación para superar la ingobernabilidad que ha marcado su historia. Si sus líderes han fracasado en conducir la nación por los caminos del desarrollo, aunque sea a duras penas, las potencias y los organismos extranjeros también han tenido su cuota de responsabilidad en el problema al colaborar solo con dádivas y no con programas reales para impulsar el empleo, la salud y la educación.

La presente crisis indica, sin embargo, que los haitianos están decididos a avanzar.
Las ambiciones de Moise han sido una oportunidad para las masas haitianas expresar su determinación. Si bien las crisis en Haití pueden ser una constante, por sus dimensiones la actual representa un mensaje bien claro y un mayor desafío.

El pueblo está decidido a jugarse la vida en las calles con tal de no retornar a los tiempos de las dictaduras.

Por: Luis Pérez Casanova
l.casanova@elnacional.com.do

El Nacional

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