Las elecciones del domingo plantean, como es obvio, muchas interrogantes. Las votaciones, que tantas expectativas han generado, tienen entre sus particularidades, al menos en términos generales, que por primera vez en la historia se celebrarán con una ley de partidos políticos, cuya aprobación representó una larguísima batalla en la que participaron los más diversos sectores; y con otra de régimen electoral.
También con la novedad de unos equipos automatizados que por presiones de la oposición y la sociedad civil tuvieron que ser evaluados por una firma solvente técnica y moralmente antes del proceso. Si la Junta Central Electoral (JCE) juega su verdadero rol los comicios están llamados a convertirse en un ejemplo en materia de equidad y transparencia.
En cuanto al ambiente proselitista se ha observado, como reflejan los más acreditados estudios demoscópicos, mucho entusiasmo de la población en concurrir a las urnas.
Y en la medida que se ha acercado el conteo regresivo se ha notado que el voto emocional ha ganado fuerza frente a lo que podría denominarse sufragio racional. Salvo los militantes de los partidos comprometidos con sus candidatos, un segmento importante luce más inclinado a votar por imágenes y no por programas ni nada que se le parezca. Por supuesto que por aquí se sabe que no obstante el cuantioso presupuesto de un ayuntamiento como el del Distrito Nacional los alcaldes que no cuentan con el apoyo del Gobierno o del sector privado a duras penas pueden recoger la basura.
En el actual desarrollo del proceso la relación entre candidatos y partidos observa sus contrastes. Algunos nominados han desarrollado una campaña tan bien estructurada que su figura parece superar en aceptación a la de su organización. Otros, no obstante sus cualidades, tienen que cargar con el lastre de su propio partido.
En cada ejercicio se expresa tanto el voto a favor, casi siempre arrastrado por la corriente psicológica que se impone, como el sufragio en contra, que la mayoría de las veces resulta de la insatisfacción con el poder de turno. Y no siempre resulta tan simple franquear barreras, no muy a la vista, que irrumpen en cada proceso de votación.
Los resultados de las elecciones del domingo tendrán un gran significado en la medida que condicionarán a la opinión pública para las congresuales y presidenciales de mayo.
El partido que se alce con el triunfo en las principales plazas se afianzará como el de mayor posibilidades para salir airoso en las próximas contiendas. Como preludio estas votaciones, en que por distintas razones lo emocional se impondrá a lo racional y en que la imagen de los candidatos será un componente clave, se perfilan como plebiscitarias.

