La Organización Mundial de la Salud recientemente recomendó a las naciones a eliminar a los cannabis del listado de sustancias del Programa IV de la Convención Única de Estupefacientes para facilitar su uso medicinal. Hoy 10 Estados en los Estados Unidos ya tienen legalizado su uso recreativo y en otros 37 es legal su uso medicinal en distintos grados. Canadá y Uruguay lo han legalizado por completo, y en Portugal su uso ha sido descriminalizado.
Si el uso de cannabis es tan terrible como alegan algunos, ¿Por qué la ola de legalización? Hay razones legales, económicas y sociales bastante interesantes para justificarlo. La prohibición del consumo de una sustancia legalmente implica sancionar a una persona por un hecho realizado sobre si mismo, sin afectar bienes protegidos de terceros o el Estado. La fiscalización de ese tipo de delitos, como muy bien ha demostrado la fracasada guerra contra las drogas, es muy costosa, ineficiente y poco efectiva en detener su ocurrencia. En todos los casos, la prohibición ha provocado que de un hecho donde un individuo libremente elige hacer con su cuerpo lo que le plazca, se genere todo un universo de criminalidad con peores consecuencias que el acto que buscó prohibir inicialmente.
Las cárceles se llenan de consumidores que no pueden rehabilitar pero que fungen como escuelas de la criminalidad. Los suplidores son forzados a la clandestinidad donde se deben adaptar a las tácticas de su competencia los que rápidamente les lleva a la violencia. Las agencias de seguridad del Estado se ven abrumadas con cárceles sobrepobladas, sus recursos en materia de persecución y prevención de otros delitos severamente limitados, y todas las instituciones quedan expuestas al riesgo de corrupción dada a la enorme cantidad de dinero que circula en el negocio clandestino.
Y así mientras el Estado desperdicia recursos por montones persiguiendo lo que la gente hace con su propio cuerpo, este se deprava a si mismo de una importante fuente de ingresos fiscales de relativamente fácil colección. Los países y regiones que han legalizado el uso de cannabis, en cambio, se han beneficiado de no solo poder emplear los recursos que antes desperdiciaban en ejecutar la prohibición en perseguir delitos más graves como los robos, atracos y los asesinatos, sino de recaudar más fondos para poder invertirlos en rehabilitación, salud y educación.
La legalización implica sacar de la clandestinidad una realidad que el Estado nunca va a poder controlar y dar una solución científica a un problema de salud que nunca debió ser atacado como un problema criminal. Esto beneficia al Estado con mejor gasto y más recaudación, beneficia a los consumidores que tendrían acceso a servicios de rehabilitación sin temor a represalias y a sus familias que pueden obtener soluciones sin estigmas, y a la sociedad que no tiene que vivir bajo el terror de las bandas criminales que se benefician de la clandestinidad. Los más afectados, al final de la historia, son justos los mismos criminales que desde el principio se buscaba castigar. Debería ser obvio.

