Editorial

¿Legalizar qué?

¿Legalizar qué?

La legalización de las drogas que ha propuesto el pastor evangélico Ezequiel Molina podría ser tan frustratoria como otras célebres reformas importadas para estar a la moda con cambios que dizque marcan el progreso.

En modo alguno se cuestiona las buenas intenciones que animaron al religioso con una propuesta para enfrentar un narcotráfico que ha sembrado luto e incertidumbre en la población, pero lo cierto es que las condiciones no están dadas para que este país  legalice, ni siquiera con las más estrictas regulaciones, el negocio de las drogas.

El asunto, por peliagudo, es improcedente desde todo punto de vista. Puede afirmarse, en honor a la verdad, que ni países como Holanda en donde es legal el consumo de sustancias blandas, como se denomina a la marihuana, pueden todavía cantar victoria en la batalla contra el narcotráfico.

Al hablar ante una multitudinaria concentración en el Estadio Olímpico del ministerio Batalla de la Fe, de la Iglesia evangélica, el pastor Molina se fue más lejos de lo previsto al no establecer siquiera distinción en la legalización de los diferentes tipos de drogas. El consumo de sustancias como la cocaína y la heroína, y menos la comercialización, no está permitido en ninguna nación. República Dominicana sería pionera en ese sentido.

Si la aplicación del Código Procesal Penal ha sido un dolor de cabeza, pese a lo simple que aparenta, ¿qué no sería la legalización del mercado de estupefacientes? No es cuestión de buena fe ni de estar a la moda.

La propia debilidad institucional que el reverendo reconoce exige, de por sí, más prudencia al liderazgo tanto religioso como de cualquier otra índole con reclamos que, en lugar de resolver, pueden crear más problemas. Para evitar que la idea se propague hay que salir al paso de inmediato, con argumentos convincentes.

Por más perturbadora que sea la incidencia del narcotráfico su legalización sería un remedio peor que la enfermedad. No es verdad, como piensa el reverendo, que habría más tranquilidad y seguridad si el siniestro negocio se transparenta y normaliza.

El Nacional

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