Algo se chispotió en Cuba, para que, en estas circunstancias, Leonel Fernández fuera invitado a participar en la III Conferencia Internacional sobre el Equilibrio del Mundo, dedicada a José Martí; integrada por prestigiosos/as intelectuales de todos los continentes.
Antes, no eran pocos los que a regañadientes aceptaban semejantes tizanas de tachuelas, dada la fuerte gravitación de las relaciones de Estado y la condición de Presidente de la República del referido personero; como también eran muchos los que no percibían desde fuera e incluso desde aquí- tanta corrupción, abusos y delincuencia política en el Estado bajo su gestión para beneficio propio y de los suyos.
Entonces, nuestras denuncias parecían altisonantes, pero me atreví -en un artículo como éste- advertirle a Fidel respecto al desgobierno de Leonel, cuando en una ocasión lo recibió y lo colmo de elogios; posiblemente impactado por sus simulaciones en las pasarelas internacionales y sus hipocresías en el ejercicio del poder.
Ahora, con más razón reitero ese parecer multiplicado, independientemente de que el encuentro con Raúl fuera a todas luces muy protocolar y bastante sobrio.
Y es que en la actualidad todo está clarito para muchos/as: Funglode -como tantas veces denuncié- es cuerpo del delito.
Pero no solo.
Las alcancías humanas, civiles y militares, están identificadas. Igual el cártel contratista.
El saqueo de las privatizaciones está tan a la vista como los estragos del neoliberalismo y la narco-corrupción.
El leonino contrato con la Barrick-Bush acusa a los que lo refrendaron.
El robo, vía contrato Sun Land, va tomando forma de expediente judicial.
El patrimonio público y natural ha sido entregado de manera vil por iniciativa de la corporación político-económica que dirige ese señor.
Gran parte de nuestro pueblo y su juventud claman contra la impunidad que la protege y debe sentirse mal a enterarse de esa visita.
Pienso que no son pocos los/as revolucionarios/as cubanos/as, que por conocer mejor lo que está aconteciendo en nuestro país y percibir la erupción de la verdad respecto a la corruptela leonelista, se sienten mal con esa invitación tan innecesaria como inoportuna.
Pero acontece que la inercia del pasado, aun cuando las nuevas circunstancias no la toleren, puede irrumpir y expresarse en malas pasadas como ésta.
Vale de todas maneras manifestar con altivez el disgusto nacional-popular, no para agredir a los meritorios anfitriones cubanos, víctimas de esa inercia estatal trasnochada, sino para no quitarle el guante de la cara a ese turpén impenitente con olor a reo-público globalizado.
Euclides pretendió ir más lejos: un homenaje conjunto a Bosch, Fidel, Chávez y Leonel. Pero parece se le peló el billete.

