Opinión

Leonel, museo y trujillismo

Leonel, museo y trujillismo

Está claro que el “museo” a la “Era de Trujillo”  persigue reivindicar al tirano y a su corte de una condena histórica bien fundada, consumada e inapelable.

De los 31 años de la tiranía trujillista, se hablado en demasía, y nada salva al dictador del juicio colectivo que lo identifica como sátrapa, larón de propiedades públicas y privadas; racista, violador, depravado y empleador de talento propio y comprado para esclavizar a un pueblo y apropiarse de  los esfuerzos desarrollistas, prostituyéndolos.

La intención (mediante un Congreso pervertido) de crear un “museo” que  estimule un “juicio equilibrado” (“luces y sombras”) o valoraciones “equidistantes” de esa “Era”, es subterfugio para reivindicar el trujillismo.

No es accidental que junto al diputado “autor” del proyecto aparezca la “Fundación Rafael Trujillo Molina”, cuya existencia es ofensiva a los valores nacionales y universales; encabezada por un nieto del tirano, a quien esta sociedad pudiera reconocerle sus derechos, pero jamás el de fomentar un poder que implicó la negación de  las libertades individuales y colectivas a todo un pueblo durante treinta y un años.

Libertarios debemos ser, pero pendejos nunca. A estos tipejos, incluido el diputadito, hay que darles duro desde las fibras patrióticas y democráticas de este pueblo.

Ahora bien, hay otras expresiones del trujillismo más letales y tan ominosas como esa.

El trujillismo es una “cultura” camaleónica  impregnada de caudillismo, despotismo y corrupción, con fuerte presencia en nuestra sociedad. No ha sido arrancado de raíz. La intervención gringa del 16 lo catapultó en grande y la del 65 lo restauró. Balaguer lo reanimó y Leonel lo continúa aupando. Y no solo Leonel, sino Hipólito, Miguel Vargas y toda la partidocracia tradicional.

La reelección es un mecanismo para su ejercicio reiterado y prolongado en los cargos estatales.

En estos días se produjo una muestra despreciable: el respaldo incondicional de 26 senadores a Leonel Fernández: complicidad del monarca  y los cortesanos de una “Era” postmoderna.

Y eso es tan malo o peor que el “museo”, al tiempo que lo alienta… Por lo que no se justifica el silencio ante su funesta significación, menos de quienes se asumen antitrujillistas.

El Nacional

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