El presidente Leonel Fernández ha vuelto a revelarse como un exitoso estratega político con el acuerdo suscrito con el principal dirigente de la oposición para evitarse, entre otros objetivos, una aplastante derrota en la reforma constitucional que discute la Asamblea Revisora. Por la atmósfera en el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), la debilidad y descrédito en lo que queda del reformismo y la unidad del perredeísmo en torno al ingeniero Miguel Vargas Maldonado, el mandatario sabía que la posibilidad de presentarse en el 2012 estaba condenada al fracaso.
De ahí el pacto, forzado por las circunstancias. Pero un político a tiempo completo no se expone sin antes calcular los costos. No había necesidad de tanta espectacularidad para un convenio que se podía alcanzar sin vulnerar la solemnidad, al menos teórica, de la Asamblea. Pero de esa manera, antes que una victoria saborearía una derrota, aparte del impacto que también consiguió para bajar las tensiones sociales a causa de la crisis económica.
La cronología presenta el acuerdo, todavía hereje, como sabia jugada política, que apunta a la reunificación del peledeísmo y cae bien en la mayoría perredeísta. Pero también en los sectores que no compartían la posibilidad de que Fernández pudiera optar por un tercer período consecutivo. Reformistas que aún en la víspera hacían el ridículo y perredeístas desplazados pueden ser las excepciones.
Abundan las interrogantes. El que el pacto excluyera al reformismo, a la Iglesia católica y al empresariado se presta a conjeturas. La realidad, sin embargo, es que los trabajos de la Asamblea mandaban un claro mensaje de que Leonel no las tenía todas consigo. Pese a su compromiso con el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, el rechazo al aborto pudo pasar por el oportunismo y el miedo de la bancada perredeísta y el respaldo de la mayoría reformista. Los peledeístas todavía están divididos en torno al controversial capítulo.
Antes que despejarse al mandatario se le cerraban los caminos. Sin un control total de los legisladores peledeístas; reformistas que tienen preparadas sus maletas para mudarse al PRD y la oposición de los asambleístas a que el mandatario pudiera volver el buen juicio de un político por demás juicioso, calculador, sereno e inteligente imponía la sabida salida que encontró. De esa forma no queda derrotado, sino como concertador.
Insistentes rumores que daban cuenta de la presencia por los predios legislativos del hombre del maletín y de fracasados intentos para sonsacar opositores se inscriben dentro de los antecedentes que fortalecen la percepción de que con el pacto Fernández quiso anticiparse a una derrota, y al mismo tiempo anotarse un triunfo de opinión pública.
El éxito de un político que mide las consecuencias de sus actos se comprende. Leonel ha demostrado que nada deja al azar. En estrategia nunca se ha perdido. Lo evidencia una vez más con un acuerdo que lo libra de una derrota y a la vez le permite desviar la atención pública sobre el descontento que se manifiesta a través de protestas y cuestionamientos. Un artista de la política.

