La tradición marca la fecha de hoy como Día de Reyes, en la que niños afortunados disfrutan regalos obsequiados en nombre de Melchor, Gaspar y Baltasar, soberanos que hace más de dos mil años agradaron al niño Jesús en el pesebre de Belén con oro, mirra e incienso.
Aunque el feriado se transfirió al lunes último, la costumbre se ha impuesto sobre la ley por lo que hoy es cuando de verdad la familia festeja tan añeja efeméride.
Ahora resulta que por contradicción entre tradición y un estatuto legal, este año hubo dos días de Reyes.
Tal ha sido la confusión causada por la irracionalidad de pretender torcer una costumbre centenaria, que la Secretaría de Educación implora a padres y tutores enviar sus hijos mañana jueves a clases, a pesar de que a la semana sólo le restarían dos días hábiles de docencia.
No se objeta la relativa conveniencia de la ley que dispone traspasar a lunes o viernes los feriados señalados en el calendario entre lunes y jueves, pero esa disposición no debería incluir fechas patrias o de gran tradición como el Día de Reyes.
Ese estatuto de ley exceptúa transferir a lunes o viernes efemérides religiosas como las festividades de la Altagracia, las Mercedes, Corpus Crhisti y Viernes Santo, con lo que se respeta tradiciones de gran arraigo en la población.
Un trato de excepción debería dispensarse también a las fechas que festejan el nacimiento de Juan Pablo Duarte, Independencia Nacional y Restauración de la República, toda vez que es obligación del Estado exaltar y promover el contenido de tan magnas celebraciones.
La pretendida mutilación del Día de Reyes es ejemplo de que la ley no debería conculcar la tradición.

