El inmenso José Martí escribió: Triste es no tener amigos, pero más triste debe ser no tener enemigos…, porque el que enemigo no tenga, es señal que no tiene: ni talento que haga sombra, ni carácter que impresione, ni valor temido, ni honra de que la murmuren, ni bienes que se codicien, ni cosa buena que se envidie. Libelo es sinónimo de pasquín, panfleto, difamador, escrito infamante anónimo, atentador al honor y al orden público. Anónimo es desconocido, incógnito, extraño, secreto, engañar o estafar es mentir, fingir, embaucar, burlar, frustrar, distraer e ilusionar.
Tenemos hoy buena tecnología, pero poco se viene haciendo para detectar libelistas, llamadas y ofrecimientos anónimos, como las leyes 153-08 de Telecomunicaciones, 126-02 de Comercio Electrónico, y resolución 2043-03 de la Suprema Corte de Justicia sobre autorización judicial para la vigilancia de comunicaciones, y el Código Penal.
En estudio tenemos varios casos de amigos y clientes víctimas de libelos y llamadas anónimas, causantes de ruptura matrimonial, amorosa, familiar y personal, que, como abogado llevamos a la instancia de lugar, y allí está el Indotel.
Ya sabemos quien escribió el libelo de una supuesta entidad llamada Pasadas, que envío vía Internet un libelo, el cual nos hizo llegar una inteligente y bella colega hace seis meses, sin firma ni fecha.
Advierto al libelista que fui procurador fiscal en mi pueblo durante el período del profesor Juan Bosch y del doctor García Godoy, y no de Joaquín Balaguer, donde ocupé varias funciones, sin manchar las manos con el peculado, y así salvando y protegiendo vida, honor y dignidad de muchas personas, como los prestigiosos ciudadanos José Francisco Peña Gómez, Pablo Rafael Casimiro Castro, Norge Botello, Barbarín Mojica, Nelson Guillén, hoy diputado por San Cristóbal; Braulio Torres, Ángel Valenzuela, Evelio Hernández, Ramón Almánzar, Elías Hasbún, Quintino Ramírez Sánchez, Carlos Corporán, coroneles y generales y rasos y cientos y cientos más que no puedo enunciar. Ahora no aspiro a la Defensoría del Pueblo, porque le quitaron funciones a su ejercicio, aunque me sobran méritos y capacidad. Llevo 49 años de lucha y afanes por los necesitados, y en verdad, soy moral y espiritualmente y seré siempre, defensor del pueblo dominicano, y apoyo al filántropo doctor Antonio Cruz Jiminián, quien bien la merece. Tampoco la institución de derechos humanos que fundamos, reconoció al ex presidente Hipólito Mejía cuando ejercía sus funciones, y si otra entidad lo hizo, respetamos esa acción.
Los libelistas, anónimos y estafadores sufren de insomnio y mitomanía. Lanzan piedras y esconden la mano; son seres ocultos que, como decía Marco Aurelio: El mejor modo de vengar la injuria es no imitar a quien la hizo. Algunos ególatras que nada aportan y que no han triunfado.
Y así lo hemos externado a quienes llevamos sus casos ante la Justicia y otras instancias, y, previa comprobación, ofrecemos los nombres de estos estafadores, libelistas y anónimos, número de teléfono, cédula y fechas de sus acciones cobardes, esperando sean condenados y desenmascarados ante el país.

