Libre pensar



Corrupción, ¿quieres investigar?
Por el 1950 y 1960, cuando el dueño de un colmado, tienda o pequeña finca de Barahona prosperaba, el imaginario colectivo lo atribuía a un pacto con un bacá/baká, que a medianoche se presentaba, en la cabecera del río Birán, como un gato negro o un buey. Ahora lo achacan a la corrupción/narcotráfico.

La corrupción se ha entronizado como un espantajo, con ramificaciones frondosas por los cuatro vientos, cuyos vendavales percuten y apalean hasta los acantilados. Salpica a divinos y perversos, inmersos los ciudadanos en las intrigas y preguntando cómo obtuvieron los bienes inmuebles y bancarios.
Ayudará con la transparencia realizar una vasta investigación, dividida en por lo menos 10 árboles. A saber:

1.- Los que ostentan vastas extensiones de tierras del Estado, despojadas “hábilmente”.
2.- El millonario más poderoso y emblemático del PRSC, PRD y PLD, que han sido gobierno.
3.- Las propiedades y depósitos de los ex jefes del Consejo Nacional de Control de Drogas (DNCD), la Secretaría de las Fuerzas Armadas y la Policía.
4.- Los diez grupos empresariales que en las últimas décadas han hecho jugosos negocios con el Estado.
5.- La fortuna de los políticos que han ocupado altas funciones públicas y, de paso, las posesiones y estados financieros de los presidentes de la República del período 1961-2018.
6.- Los 25 ex congresistas o actuales legisladores más acaudalados.
7.- Los diez jueces y diez fiscales más sospechosos de enriquecimiento ilícito.
8.- El patrimonio de los dirigentes de los “sindicatos” choferiles.
9.- Los manejos administrativos-investigativos de la UASD.
10.- Los diez periodistas más adinerados.

Conforme el numeral tres del artículo 146 de la Constitución sobre la proscripción de la corrupción, corresponde a los imputados “probar el origen de sus bienes, antes y después de haber finalizado sus funciones o a requerimiento de autoridad competente”.

Esta tarea, gorda y arriesgada, no podrá ser asumida por la Cámara de Cuentas, por la escasez de recursos humanos y credibilidad, ni tampoco por una persona, porque se le doblarán los brazos y acelerarán el parpadeo y el ritmo cardíaco. Comprobar emolumentos bien habidos o poner al desnudo dolo reclama la creación de variados equipos de institutos de investigación o grupos especiales que sean constituidos con ese objetivo.

Quienes realicen estas investigaciones deberán saber que difícilmente el actual Ministerio Público las acoja para instrumentar expedientes judiciales. Quedarán, eso sí, como referentes históricos y para que los hallazgos sean publicados en libros, que son más fulminantes que las sentencias. Además, tendrán que contratar abogados para enfrentar a fieras pintadas de santos varones.

Estas averiguaciones serán una oportunidad para los señalados demostrar que sus bienes no son obras de los bacás, ni tampoco de la corrupción.