La poesía libera
Título: Amor prohibido; Género: poesía; autor: Daniel Jiménez Donastorg; primera edición al cuidado de Miguel Fersobe. Diagramación y diseño Rafael E. Domínguez Gautreaux; impreso en Editora Buho. 40 páginas.
El jueves de la pasada semana, en el Salón Aida Cartagena Portalatín de la Biblioteca Nacional, a eso de las 7:00 de la noche, había un ambiente especial, aun cuando lo que se tenía allí era el tipo de actos que tiene un protocolo fijo y previsible: un puesta en circulación de un libro.
Se trataba, no obstante, de un evento literario, distinto. Un joven poeta de 19 años, presentaba su primer poemario, que tituló “Amor prohibido” y desde sus imágenes nos enseña cómo la poesía libera y permite volar.
Daniel Jiménez Donastorg, sin proponérselo, ofrece un ejemplo magnífico de crecimiento personal y estético, mediante el cultivo de la poesía.
Jiménez Donastorg es un poeta integral, capaz de presentarnos una panorámica inspirada de cuanto ha sido su vínculo del amor en cada tramo del camino del afecto.
Más que una relación de sus venturas y desventuras. lo que nos ofrece es una lección integral de valor personal y literario.
El hecho de atreverse a poner en la mesa del común lector o lectora, lo que ha sentido y vivido, o soñado o fantaseado, tiene la condición de ser testimonio de vida dispuesta a ser vivida a plenitud.
Daniel nos reta desde sus formulaciones textuales, que podrán no ser consagrantes de un premio poético para un joven poeta que apenas inicia, pero que, en cambio, y por encima de su necesidad de seguir leyendo y escribiendo poesía para ajustar ritmos y acentos libres de toda influencia (lo que, además, y como si fuera poco, es imposible de ser conquistado al primer intento).
En tanto creador de textos poéticos, Daniel acepta su condición y navega con certeza en esas aguas de poéticas procelosas y cómplices, dominando unos cánones de comunicación poética que dejan ver el germen de creador que se anida en sus versos.
Daniel no solo aporta su poesía. Con la luminosidad de su sonrisa entrega más que sus secretos, aspiraciones y conquistas tempranas del patrimonio amoroso. El nos entrega una actitud de vida. Una postura que llama a vivir con intensidad, a disfrutar o sufrir lo emotivo, cuando es la dignidad lo que guía al ser humano, envuelto y enmarcado en sus circunstancias sociales, físicas o anímicas.
Daniel nos muestra con su actitud, lo incompletos que resultamos ser quienes no nos atrevemos a llevar al colectivo los estremecimientos del amor y, además, nos apunta una ruta de auto-realización que rompe barreras y limitaciones.
Un poeta joven que se hace guía de vida. Un escribidor que nos traza más que la convocatoria al amor juvenil con sus impulsos. Lo que nos enseña esta joven pluma poética es el trayecto que muestra respecto del vivir auténtica y plenamente.

