Apoyamos calurosamente el último llamado de nuestra madre Iglesia Católica frente al desborde de la violencia y la sangre derramada en los últimos tiempos, después de haber exhibido nuestro país como un oasis en la comunidad internacional, hasta convertirnos en la atracción turística más socorrida en toda el área, por aquella paz.
La violencia nos ha contaminado el país, llegando a un desborde, donde hemos visto niños menores de edad confesando haber participado en asesinatos y que lo volverían a repetir con gusto, así como algunos policías y militares envueltos en los peores desatinos, siendo células incorporadas para la paz, el orden y la seguridad nacional.
Para colmo acabamos de ver declaraciones dramáticas del jefe policial, el dinámico Rafael Guzmán Fermín, el cual dijo que ningún policía tenía derecho de disparar a alguien por desobedecer una orden de alto ni mucho menos disparar a un sospechoso desarmado después de haber sido apresado. Esta confesión pública y responsable, confirma que manos perversas inconsultamente conspiran contra el orden y nuestras leyes. Como abogado, conozco bien algunas realidades que intervienen en política así como en lo militar; que a propósito era lo que aspiraba estudiar y cultivar cuando comenzaba. ¡Quien lo creería!
Pero en esa área ahora mismo se realiza una reforma, lenta y discreta, donde han habido varios cientos de sustituciones de todos los rangos donde los mismos militares están conscientes del reclamo del momento en ese sentido. Los encargados de las distintas áreas militares, están conscientes del reclamo del momento para profundizar en dichas transformaciones.
Ningún país ha podido garantizar el orden y la paz sin unas instituciones armadas bien preparadas. Pero avanzamos, aunque lento, pero tenemos que seguir con fe confiados en que nuestros garantes de las propiedades, la ley, y la seguridad nacional, los militares, sigan preparándose. Nuestro presidente don Leonel Fernández, una especie de G-4, acaba de regresar repleto de experiencias y distinciones si tomamos en cuenta como nos lo trataron al máximo nivel tanto en España, Alemania, Francia y los Estados Unidos. De sus resultados hablaremos en el próximo artículo del jueves.
Nos unimos de corazón al justo orgullo y alegría de nuestra madre patria España por haber obtenido la Copa Mundial de Futbol. Por otro lado, como la vida es constante quehacer, pasamos los días finales de la semana visitando enfermos. Participe en el entierro del padre de mi amigo Ricardo Jacobo; así como en la muerte de la madre del colega Miguel Franjul, y de doña Maria Richiez de Quezada, insistiendo en que el Todopoderoso le ofrezca descanso eterno.

