Editorial

Lluvias de cocaína

Lluvias de cocaína

El bombardeo  de 518 kilos de cocaína este jueves sobre la  costa de Samaná  constituye otro dramático aviso de que República Dominicana se  enfrenta hoy a la más febril ofensiva del narcotráfico internacional.

Un operativo conjunto de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) y del Equipo de Tarea Conjunta de las Fuerzas Armadas y el  Comando Sur de Estados Unidos, logró detectar  el vuelo ilegal que transportaba la droga y la ubicación del lugar donde fue lanzada.

Esta vez el bombardeo de cocaína se realizó sobre una zona de playa cercana al polo turístico Las Terrenas, lo que indica que ante la vigilancia y acoso de la DNCD,  el narco procura otros lugares de las costas dominicanas donde defecar su veneno.

Más que alarmar por las lluvias de drogas que se dice caen del cielo, la ciudadanía está compelida a cerrar fila   en el combate frontal contra  el  narcotráfico, toda vez que las autoridades luchan apenas con uñas y dientes.

Ante el creciente acoso en Colombia y Venezuela  y cierre de vías de paso al tráfico de drogas hacia México y Centroamérica,  el narco usa  con más frecuencia el Caribe, en especial  la Isla Hispaniola,  como puerto de trasbordo de la cocaína  destinada a  mercados de Estados Unidos y Europa.

Radares locales localizaron la presencia de un vuelo ilegal frente a las costas de Samaná, lo que motivó la movilización de  autoridades y la ocupación del lote de drogas lanzado al mar  y el apresamiento de cuatro sospechosos.

A menos que  se dote a la DNCD, Marina de Guerra y Fuerza Aérea del instrumental requerido para realizar efectiva labor de patrullaje y   persecución,  se intensificarán aun más las lluvias o bombardeos de drogas sobre   la geografía nacional.

Es por eso que en vez de alarmarse, la ciudadanía  debería  dispensar mayores dosis de aliento y respaldo a las instituciones  que luchan contra el narcotráfico.

Los aplausos se dirigen a las autoridades por  descubrir y ocupar los  518 kilos de cocaína bombardeados sobre la costa de Samaná.

El Nacional

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