El año que agoniza ha sido una entremezcla de logros y decepciones, como saber que la economía dominicana ha sido la de mayor crecimiento en América Latina, pero la pobreza no se reduce en igual proporción y que la inseguridad ciudadana es todavía motivo de angustia colectiva.
El impulso a la educación alimenta la esperanza de que el ejercicio de ese derecho ayudará a promover una nueva sociedad sustentada en el conocimiento y la civilidad, pero los servicios de salud siguen atascados en la precariedad.
La modalidad de visitas sorpresa del presidente Danilo Medina se mantiene en 2016 como un útil vínculo e interacción entre Gobierno y sectores organizados que deambulan en los niveles bajos de la agropecuaria, huérfanos de financiamiento y de asistencia técnica.
Los programas de construcción de miles de viviendas de bajo costo con novedosas modalidades de fiducias o de alianza con el sector privado también se resaltan como esperanzadora iniciativa que reduciría el crónico déficit habitacional.
Una rígida receta monetarista ha mantenido bajo control los principales indicadores económicos, tales como tipo de cambio, inflación, reservas netas del Banco Central y déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos.
El Gobierno ha pretendido mantener bajo control el déficit fiscal, sin impulsar una necesaria reforma fiscal, bajo el argumento de que se requiere primero conjurar una elevada evasión y elusión tributaria, pero el alza del petróleo y los desencajes en el gasto público obran en su contra.
Turismo, minería y construcción han sido puntales del crecimiento de la economía, estimado en 6.4 del Producto Interno Bruto, con aportes significativos de las remesas, inversión extranjera e intermediación financiera, pero el salario real se reduce y la generación de empleos no se corresponde con las estadísticas sobre incremento del PIB.
En 2016, estabilidad de la economía, democratización del crédito, impulso a la educación y construcción de viviendas, se erigen como puntos luminosos del Gobierno, en tanto que la inseguridad ciudadana y la permisibilidad ante la corrupción han sido su talón de Aquiles.

