Pero él no conoce a nadie, ni le importa. Se siente por encima de todos y de todo. Cree disponer de los tribunales de justicia, sin sospechar que el día menos pensado un par de jueces, arrestados y conscientes de su amplio fuero, pueden zafarse del yugo infame que los oprime, y dar un glorioso paso hacia delante. El Ejecutivo parece haber tomado la iniciativa, dando así las pautas a seguir.
No le faltan recursos para dilatar o entorpecer el proceso cuyo fatal desenlace se aproxima. Aparentar que aún tiene control del Estado es parte del plan dilatorio. Sin embargo, algunas cosas están fuera de control, a pesar del poder acumulado. No esperaba encontrar en el despejado camino trazado durante ocho años a tantas fieras desatadas, con nombres y espíritus propios, independientes y atrevidas.
Cuatro por ciento para la educación, Bahía de las Águilas, Barrick, sorteos de contratos, pagos ordenados, la carretera Cibao-Sur, todos estos demonios, colgando sobre él como espada de Damocles. Azaroso pasado, cual tropel de caballos embravecidos, corriendo en desbandada, cuya fuerza indomable amenaza con llevarse por delante los compromisos si los hay-, que garantizaban su retorno, esto es, su futuro.
Dicen que los políticos muertos están debajo de la tierra. Es su apuesta, como han apostado antes más de uno, derrotados y desterrados. Si funciono con Báez y Balaguer, ¿por qué no con él? Alentadora pregunta que no cuenta con las insistentes denuncias y rechazos, implícitos en acciones presentes. Volver al pasado es como comprar un boleto al infierno. Sólo una sociedad completamente desquiciada o masoquista haría eso. La mejor parte de este país se resiste a ese retroceso.
Sobre esta disyuntiva prefiero consultar a los muchachos de la Lira en vez dejarme atrapar de ese pesimismo, capitalizado siempre por déspotas corruptos, cortejados de una intelectualidad amanerada, tradicionalmente comprometida con los intereses más oscuros y espurios. Putas, cicerones, dispuestos a prestar sus plumas a los más despreciables sinvergüenzas, sepulcros blanqueados, desenmascarados apenas salen del poder. Todos lo conocemos. Estamos al tanto de sus hazañas, a pesar de que él no sabe ni le importan nuestras desventuras. Lo que es peor, se alimenta de ellas. De ahí depende su eterno retorno.
