En el Partido Revolucionario no pasa en este momento lo que no haya pasado siempre que la organización se embarca en elecciones internas.
Los votos de la mayoría que se consulte dirán, como casi siempre pero, en el interín, quienes se postulan sin base o sin bases enarbolan encuestas ganadoras y hacen galas del más absurdo triunfalismo.
Eso ha ocurrido en el PRD quizá desde 1961 a la fecha.
En esta ocasión, Miguel Vargas Maldonado busca la presidencia del PRD en la convención de julio.
De frente sólo tenía como contendor a Enmanuel Esquea pero las encuestas suyas y las independientes, consultados sólo los perredeístas, indican que ganará.
La elección de Vargas Maldonado, desarmará varios mitos de dirigentes perredeístas que lo son realmente pero que ni por asomo cuentan con la fuerza de mayoría con la que dicen contar.
Apoyado de forma sistemática por el amplio mecanismo de propaganda dialéctica del PLD, con sede en Palacio y representantes en periódicos y programas de televisión y radio, el principal mito que se desarmará es el de Hipólito Mejía como líder máximo del PRD.
La campaña de Fernández en el 2004 se lanzó desde el trampolín Mejía, lo mismo que la de 2008, y hubieran querido que esa carta de triunfo lo fuera también para 2012 pero la pava no pone donde ponía. Mejía, quien se sabía leit motiv de la campaña propagandística del PLD, no perdía sin embargo oportunidad para hacerle el juego.
Pero en el PRD, hacia la convención de julio, en realidad no ocurre nada que no haya ocurrido allí desde que dentro de la organización, hace muchísimos años, se desataron sin control las ambiciones de sus dirigentes y dirigentes y la costumbre de hablar, con criterio diferente, todos al mismo tiempo.

