La decisión de los empresarios Arturo Santana y Manuel Díez Cabral de crear un fondo destinado al auxilio de las víctimas del accidente ocurrido en Polyplas, evidencia que estos hombres de negocios pusieron el interés humano por encima de las naturales diferencias que afloran cuando ocurren estas desgracias.
En un momento en que se pensaba en la opinión pública que esas diferencias eran insalvables, Santana y Díez Cabral, cabezas de Polyplas y del Grupo Propagas, pusieron a un lado esas divergencias de criterios para acudir en forma conjunta en respuesta a los afectados por el siniestro. La creación de un fondo de auxilio a los afectados del sector Villas Agrícolas manda una señal positiva en el sentido de que los intereses particulares pesan menos frente al interés común.
Una señal positiva también es que el fondo creado se puso en manos de organizaciones civiles del mismo sector, como la parroquia San Mateo Apóstol, la Junta de Vecinos Ana Daysi Eduardo y el Club Deportivo y Cultural Doce Juegos, entidades que hacen vida cotidiana en la barriada y conviven con los afectados por el siniestro en Polyplas. De esa forma los recursos que administre el fondo tendrán el uso correcto, ya que irán en beneficio de los afectados y se minimiza la posibilidad de un uso inadecuado en perjuicio de los destinatarios.
En medio de la tragedia que significó la pérdida de al menos ocho vidas, decenas de heridos y el impacto material de la explosión en la procesadora de plásticos y derivados, resultaría poco saludable un enfrentamiento sin sentido de dos empresas que están llamadas a contribuir con la solución, al menos en el plano material, de los efectos sufridos por los afectados de Villas Agrícolas.
La responsabilidad social de los empresarios Santana y Díez Cabral ha quedado de manifiesto y debe ser el punto de arranque para encontrar la solución definitiva al drama de estas familias.
