Después del descubrimiento de la insulina, la hormona salvadora de los diabéticos, por los investigadores Frederick Banting y Charles Best en la Universidad de Toronto, Canadá, en 1921, se iniciaron múltiples investigaciones con la finalidad de lograr medicamentos en pastillas que tuvieran igual resultado para el control de la enfermedad y que, por supuesto, evitaran el pinchazo con aquellas agujas grandes y jeringuillas de cristal hervidas para lograr su esterilización.
No fue hasta 1942 cuando se pudo determinar en la Clínica de Enfermedades Infecciosas de la Facultad de Medicina de Montpellier, Francia, donde enfermos de fiebre tifoidea presentaban convulsiones luego que ingerían sulfamida una sustancia con propiedades antibióticas, pero que producía una baja de azúcar conocida como hipoglucemia.
De este hallazgo casual, surgió una gran familia de pastillas conocidas desde entonces como sulfonilureas las cuales a través de varias generaciones su molécula original ha sido modificada por bioingeniería y todavía se utilizan con muy buenos resultados en el tratamiento de la enfermedad.
El avance de la ciencia ha permitido, a través del tiempo, complacer en parte la inquietud de evitar los pinchazos diarios de insulina, elaborando medicamentos que disponemos en pastillas- que ayudan por ejemplo -con su acción sobre el páncreas- a elevar la producción de insulina, otras pastillas reducen la fábrica de azúcar en el hígado, otras se utilizan para modificar las comidas que ingiere el diabético, ya sea bloqueando la entrada de azúcar de los alimentos a la sangre o equilibrando la digestión nutricional al estimular la producción de hormonas gastrointestinales, otras se utilizan para reducir el sobrepeso u obesidad.
Así nace la canaglifozin una sustancia que, sin ser diurética, se ocupa de acelerar la pérdida de glucosa por la orina en los diabéticos, llevando a un equilibrio en sus niveles en sangre, mecanismo de acción analizado y presentado en varios congresos de la Asociación Americana de Diabetes (ADA), la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes (EASD) y otros escenarios científicos importantes.
Para el tratamiento de la diabetes, obesidad y sobrepeso, enfermedades cardiacas, hipertensión arterial, y otras enfermedades crónicas no transmisibles en aumento a nivel mundial, siempre es bienvenida la llegada de nuevas moléculas que ayuden al médico a beneficiar la calidad de vida de estos enfermos. Ahora habrá que esperar los resultados benevolentes de esta nueva molécula en los próximos años de uso masivo.

