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Lo que no verá Sebastián

Lo que  no verá Sebastián

Hace 19 años bajó del cielo un pequeño ángel. Hijo de dos artistas, entre ellos una primera bailarina, todo auguraba una niñez feliz, sin sobresaltos y el desarrollo armonioso de cuerpo alma.

Pero esa no era su misión y el bello ángel sufrió una parálisis cerebral y, oh ironías, solo podía mirarte con sus ojos grandes y tiernos y sonreír, sobre todo cuando Mónica, su madre, se aproximaba. El sabía por el olor que ella se acercaba y un aire de paz lo sobrecogía y calmaba.

Sebastián conocía que su misión era llamar la atención sobre los niños que como él sufrían de parálisis cerebral, para que sus padres crearan una Fundación que ambos denominaron “Nido de ángeles”, porque eso era, un nido, un refugio, un útero ampliado para una niñez que hasta ese momento pasaba tan desapercibida como sus limitaciones.

Y pronto Nido de ángeles comenzó a llenarse de niños y niñas, y de padres y madres venidos de todo el país, sin recursos la mayoría, que en ese nido encontraban atención, cariño, medicinas, y alimentos para alma y el espíritu.

Como todos los niños y niñas con esa condición su paso por la vida tenía una fecha límite y la de él se acercaba paso a paso, hasta que hoy partió al regazo de su Padre y Madre, en el lugar donde siempre le esperaban con los brazos abiertos.

¿Qué no verás querido niño?

Una humanidad diezmada por un virus que vino a recordarnos que no somos omnipotentes.
Una naturaleza en revuelta, con calores records aún en los sitios más fríos de Siberia.
Una población negra norteamericana harta de violencia y abusos que ha decidido armarse y acabar con el sistema que los oprime desde que la trajeron del África.

Una media isla, con vocación de continente, cuyas áreas protegidas son diezmadas por la inconsciencia de los depredadores.

Una dominicanidad que apenas entiende que los problemas se resuelven con solidaridad, no con discrimen o violencia.

Una media isla posiblemente azotada por el hambre que provocará una gran crisis económica.

Una niñez, con o sin parálisis cerebral, cuyo destino está detenido al borde de la irresponsabilidad social, del desamor institucional, de falsos dogmas.
Eso no verás, querido niño, y qué alegría y qué envidia la de quienes permanecemos en este valle de lágrimas.

Que lo que quede de tu fugaz memoria sea la última fiesta de Nidos de ángeles. Y el amoroso rostro de tus padres, inclinados para darte el beso de buenas noches; o el de tus médicos franceses que de seguro entendías, porque los ángeles entienden ese, único, idioma universal de todos que es el amor.

Por: Chiqui Vicioso

luisavicioso21@gmail.com

El Nacional

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