Que el presidente Danilo Medina haya ganado las elecciones, hace más de un año, con una votación de 51.21% (2,323,463 sufragios) no fue al azar y que el 46% haya votado en contra, menos.
Todos tenemos en común querer que los quehaceres del gobierno se hagan diferentes. La gran mayoría quisimos y queremos que se haga lo que nunca se ha hecho.
Hacer lo que nunca se ha hecho significa que, de verdad, se corrija lo que está mal. Que se tomen decisiones apegadas a lo que establecen nuestras leyes y reglamentos. Que apliquemos y ordenemos, a los nuevos tiempos, nuestro marco jurídico.
En el Congreso deambulan algunos proyectos de salud que deben ser definidos. Que se tomen las medidas, resoluciones, disposiciones necesarias que respondan a las carencias de nuestras poblaciones.
Hay que evitar tomar decisiones en el área de salud sin hacer evaluaciones de desempeño o para complacer peticiones condicionadas.
Hay que asegurarse que sean politécnicos con demostradas capacidades que dirijan el sector. Tenemos que establecer un norte claro hacia dónde queremos ir. A un año de gestión hay muchas cosas indefinidas.
Hay que definir claramente la ruta que como país y como gestión queremos tomar.
No se puede controlar lo que no se mide y muchos menos medir lo que no se define. Debemos fortalecer nuestras instituciones. Debemos hacer posible que las metas se cumplan.
Mejorar la Calidad de la Atención en Salud es un mandato, para ello se necesita trabajar con los usuarios del sistema, con los pacientes o usuarios externos que son nuestra razón de ser; pero sobre todo, con los Usuarios Internos que son nuestros recursos humanos.
Tenemos que garantizar el derecho a la salud de nuestra población. Debemos conocer las necesidades y deseos de los usuarios. La calidad, además de percibida debe ser real.
Debemos calificar y reconocer nuestros recursos humanos según sus experiencias, la evaluación de sus desempeños si es conocida- y su comportamiento. Debemos examinar lo que han y están haciendo en lo político -cuando el caso lo amerite- en lo técnico y en lo ético.
No debemos sepultar el trabajo realizado, el nivel de conocimiento, el profesionalismo y sobre todo el proceder y conducta ética de nuestros servidores y compañeros.
Estamos enviando un mensaje equivocado. Se deben tomar decisiones responsables sin esperar o aludir disposiciones palaciegas. Hay que respetar los procedimientos.
Para valorar si estamos avanzando, hay que medir el nivel de desempeño y gestión de toda la cadena y garantizar que las decisiones que se tomen sean objetivas, juzgadas, analizadas, respetuosas y sobre todo que con ellas se gane, que no haya maltratos, que se continúe haciendo lo que está bien, pero jamás permitir que las decisiones representen un retroceso y mucho menos consentir que se ponga en riesgo, vidas.
No podemos continuar indiferentes ante la muerte de muchos de nuestros hermanos y mucho menos reaccionar dependiendo de sus categorías. Debemos ser más sensibles. Nuestro umbral de asombro e indignación ha ido, preocupantemente, disminuyendo.
Hay que aplicar las sanciones que establecen nuestras leyes, reglamentos y códigos. Debe haber consecuencias reales cuando muere un ser humano en un procedimiento quirúrgico electivo o fallece una de nuestras mujeres durante el proceso de parto donde haya demostrada negligencia.
Necesitamos que se establezcan claramente las sanciones en lo público y en lo privado. Hay que implantar según las leyes y reglamentos- las consecuencias en lo administrativo y en lo clínico.
No podemos permitir que la soga siga rompiendo por lo más fino o por el eslabón de la cadena más débil para justificar nuestras acciones o progresar procesos.
La seguridad del paciente es nuestra responsabilidad. La lealtad a los principios no se condiciona.
En el sector salud debe haber una mesa o foro de discusión abierta con todos los actores envueltos.
Las instituciones formadoras de recursos humanos, los partidos políticos, la sociedad civil Debemos tomar decisiones trascendentales donde todos nos comprometamos a respetar. Hablamos de salud.
Hablamos de vida o muerte. Nada se valora más que un buen estado de salud mental, física y espiritual. Todo lo otro es secundario.
