Opinión

Lo que vi

Lo que vi

Pensé quemar las naves y nadar hacia otros mares hasta encontrar otra tierra más segura, más cálida, donde nadie  viole mis derechos o se burle de mi ser. Pensé quemar las naves para siempre y sumergirme en un océano de silencio para que mi voz no se vuelva a escuchar.

Pensé irme lejos, tan lejos que nadie pudiera alcanzar mi sombra, ni tocarme con un beso o alcanzarme con el pensamiento.

Cuando vi la compra masiva de cédulas, a las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional militarizar pueblos enteros para que la gente no votara y para proteger a los corruptos que andaban con millones de pesos comprando conciencias, pensé romper con mi entorno, para evitar ofensas y golpes bajos.

Durante el proceso electoral vi tantos amigos venderse como reses, taparse las narices y caminar abrazados con las ratas del poder en procura de un pedazo miserable y sucio del pastel de la corrupción que envilece y empobrece el alma.

Vi gente plegarse a lo perverso, por el dinero de los pobres.  Sentí pena por ellos. Y por mí.

Vi amigos de los medios defender lo indefendible por una pauta publicitaria, por un cheque en blanco, por un sobre amarillo lleno de billetes sucios, por un decreto sin función.

Vi los  abogados del diablo defendiendo al diablo sin vacilar. Vi  a los canallas caminar abrazados con gente que creí honorable. Y me sentí asqueado y avergonzado.

Vi tanta podredumbre, tanto estiércol durante la campaña electoral, que al final pensé quemar mis naves, largarme del país como lo hizo el Padre de la Patria, y morir, como él, en otro punto del planeta, totalmente olvidado.

Pero también vi gente buena, gente con dignidad y decoro, gente leal, gente que ama, gente que no se roba el dinero del pueblo.  Vi gente de vergüenza,  orgullosa de sus valores y principios.  No ratas inmundas, ni cucarachas de cuatro patas disfrazadas de gente.

 Y me di cuenta que esa gente humilde y buena, gente que trabaja, que produce,  constituye una mayoría, muchas  vencida veces por la traición y el odio de la canalla vil y cobarde.

Por esa gente vale la pena el sacrificio de continuar luchando por alcanzar los nobles  ideales que hicieron posible la fundación de lo que hoy llamamos República Dominicana.

Además, este es el único país donde no soy extranjero.

PD: Lo que más lamento del proceso electoral es haber perdido un amigo de toda la vida. ¡Es lo que más me duele!

El Nacional

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