Basado en textos bíblicos, en sus experiencias y testimonios vividos, Marcos Witt demostró anoche que para el que cree, todo es posible, al presentarse en el Palacio de los Deportes Virgilio Travieso Soto, después de 10 años de ausencia de escenarios dominicanos, con la presentación número 145 de Sobrenatural, que ha sido disfrutado en toda Latinoamérica.
Santo Domino, yo conozco los pensamientos que tengo acerca de ti, dice el Señor, que son los pensamientos de bien y no de mal, para darte un futuro lleno de esperanza, fue una de las tantas palabras proféticas que el salmista mexicano usó en el nombre de Jesús, para bendecir al país.
El pastor Marcos Witt fue precedido por la actuación del adorado Jhoan Paulino, quien interpretó una alabanza bien rítmica y dos himnos para exaltarar la grandeza del Señor. A las 9:00 en punto de la noche, recibido con varios efectos especiales de luces y pantallas gigantes, este adorador, que no se basa sólo en cantar en un escenario, sino que también predica la palabra de las sagradas escrituras, y hace varios chistes, inició su actuación invocando al Espíritu Santo, con el tema Dios desciende aquí.
A pesar de la mala calidad del acondicionador de aire, el ánimo y la energía en el salmista estuvieron de manifiestos de principio a fin del concierto Sobrenatural.
Aunque su estilo actual es bastante jovial, Marcos se declaró como un evangélico que camina por la misma senda antigua, para demostrarlo, interpretó algunos cortes del Himnario de Gloria, entre ellos, Gozo en mi alma y Un amigo que ama.
Luego el concierto tomó su ritmo inicial, con temas más movidos, como Muévete, el que le da nombre al espectáculo, Sobrenatural y Si puedes creer.
En lugar de hacerse un minuto de silencio, como suele hacerse en el mundo natural, hubo un largo momento de adoración a Dios de parte del público, con un largo aplauso, mientras el salmista, postrado de rodillas, adoraba y daba gracias al Creador con lágrimas en los ojos.
Un momento de mucha unción fue cuando proyectaron en las pantallas el vídeo Un milagro para Sebastián, un niño al que los médicos en Colombia le habían dado dos meses de vida producto de pre-leucemia, y dos años después al ser operado con éxito, Sebastián recibió su milagro.

