Para poder aquilatar la dimensión de la obra redentora de Juan Pablo Duarte, del cual una nación agradecida festeja hoy el 197 aniversario de su natalicio, se requiere situarla en el contexto histórico en el que el fundador de la República desarrolló su extraordinario liderazgo.
Imberbe aún, el patricio concebía ya la empresa separatista de un Haití que proclamó su independencia a comienzos del siglo XIX y cuando casi toda América había puesto fin al colonialismo europeo.
A los 25 años, Duarte diseñó una novedosa y efectiva estructura política -La Trinitaria- que pudo reunir los limitados recursos humanos disponibles en una sociedad rural sometida al dominio político de un vecino negado a permitir que por el lado español de la isla se abrieran puertas al retorno de la esclavitud.
Puede decirse que Juan Pablo Duarte fue un repúblico excepcional emergido en un medio social signado por el atraso, atascado en un incipiente pre capitalismo.
Ante tantas adversidades sociales, políticas, culturales y económicas, Duarte emprendió la titánica tarea de instituir un Estado libre e independiente de toda potencia extranjera, no sólo del Haití que cuarenta años antes de proclamada la Independencia Nacional, se había liberado de los esclavistas franceses.
El fundador de la nacionalidad alcanzó estatura de patricio en el seno de una de las sociedades más atrasadas del continente y gracias a su genio político, los dominicanos exhiben hoy con orgullo su gentilicio.
La obra independentista de Duarte constituye la más apreciable heredad que pueden exhibir los buenos y verdaderos dominicanos, pues se trata de un tesoro jurídico, ético y moral, cuyo valor será siempre mayor a todo el oro de la tierra.
Gobierno y sociedad deberían iniciar desde hoy mismo los preparativos para festejar en 2013 el bicentenario del nacimiento del patricio.
Juan Pablo Duarte ocupa hoy un lugar de preeminencia en la historia de América. ¡Loor al Padre de la Patria!

