El analfabetismo es una de las retrancas que enfrenta la sociedad dominicana. No puede haber desarrollo con cientos de miles que no saben leer ni escribir. El progreso será de las élites y, con analfabetos, se abrirá más aún la brecha de los excluidos.
El analfabetismo debe ser enfrentado sin pasiones políticas. Todos son indiferentes al iletrado, que con su carga de pesadumbres es un sacrificable y un olvidado fuera de los torneos electorales.
Los marginados, donde está la mayor carga de analfabetos, son buenos para el día de votación. Allí se conjugan todos los valores sociales y se le encumbra para que deposite el voto a favor de un candidato determinado.
Hay que superar la politización del tema de la falta de educación de una parte de la población, y comenzar programas que vayan directamente a lograr enseñar a leer y escribir a los que viven en un cerco de ignorancia.
Nunca la vergüenza debe ser para el iletrado. La que debe rumiar sus olvidos es la misma sociedad que es indiferente ante el drama de miles de dominicanos, que tienen una muralla social y económica que les impide avanzar.
Con el presupuesto actual que recibe la educación nacional es posible llevar a cabo un amplio programa nacional de alfabetización, sobre todo los fines de semana y la noche.
Hay que tomar en cuenta que la mayoría que no conoce la tiza y el pizarrón trabajan en el día y con sacrificios pueden ser asimilados en la noche en los programas de alfabetización.
Pero entran en el juego los eternos apagones en las áreas marginadas y otros sectores, lo que hace, en ocasiones, difícil por no decir imposible, ofrecer docencia en planteles ubicados en esos barrios.
Con esa parte de la sociedad dominicana hay un compromiso. Nadie quiere ser ignorante, pero ese pesado yugo se lo imponen las divisiones sociales y el ser parte de una masa amorfa, golpeada por el tiempo.
El analfabetismo no se puede ver como cifras en la bitácora de un burócrata de aire acondicionado, sino una gran y terrible realidad. No se busque la culpabilidad en gobiernos determinados, todos son responsables de ese abandono social.
Lo que hay es que ponerse a dar clase, no solo creando programas de emergencia que al correr de los meses se olvidan y todo vuelve a su terrible realidad. Ahora, los dominicanos se deben integrar a enseñar al que no sabe leer y escribir. A la escuela que es hora de aprender.
Por: Manuel Hernández Villeta

