Generación fracasada
Señor director:
La generación de hombres y mujeres que hace unos años vio discurrir y concluir el siglo XX quedará con la insatisfacción. y quizás frustración, de haber vivido en ese siglo sin ver resueltos los problemas que agobian a la sociedad en su conjunto.
Los dominicanos y dominicanas que se involucraron en el ancho y largo camino de las luchas políticas e ideológicas de su generación con el propósito firme de conducir a su pueblo por los senderos del progreso espiritual y material, hoy creo que están defraudados.
Con este análisis no quiero culpar a hombres, ni mucho menos a partidos políticos que han gravitado de manera decisiva en la vida social y política de la Republica Dominicana, sino más bien aproximarnos al porque de las cosas.
Es una vergüenza nacional que en más de una centuria de vida republicana nuestro país no haya superado o más bien erradicado el analfabetismo de una vez y por todas.
Resulta repugnante, que a más de 150 años de vida independiente en la República Dominicana aún estemos arrastrando una corruptela que carcome sin piedad el cuerpo institucional de nuestra nuestra nación.
A estas alturas del siglo XXI, se observar con ánimos de resignación un sistema de partidos y liderazgo político que cada vez más se arrastra y se descompone como si nada pasara, sin detenernos a pensar que si dejamos desquebrajar estos dos componentes, inevitablemente caminamos hacia el suicidio colectivo.
Es inconcebible que a más de 15 décadas de nuestra emancipación del colonialismo en sus diferentes manifestaciones todavía no seamos capaces de sacudirnos los polvos de aquellas ideologías o sistemas políticos que nos mantienen en un subdesarrollo absurdo y brutal.
¿Cómo es posible que no avancemos con más celeridad hacia la construcción de una patria en donde todos podamos disfrutar?
Sinceramente, no entiendo porque, no terminamos de impulsar un modelo político que nos dé respuestas adecuadas en áreas fundamentales como la agropecuaria, la salud, la vivienda, el medio ambiente. Si tenemos todo a nuestra disposición, no lo entiendo.
De todas maneras, quien escribe lo que piensa es que si en nuestra clase política y social de este siglo XXI no se produce una reflexión, caminaremos de manera inexorable hacia otra generación fracasada. Evitémoslo.
Atentamente,
Alberto Quezada
****
Alfabetización
Señor director:
Siempre he tenido la convicción de que la educación entra primero por la casa. Es ahí donde se fundamenta el buen desarrollo del individuo y de toda una sociedad y que, por ende, sus frutos sean proyectados de generación en generación.
Si un padre o una madre no le suministra la mayor importancia al desarrollo intelectual de sus hijos e hijas, no se puede esperar una sociedad sana; sin vicios, sin corrupción.
Una sociedad justa se basa, primeramente, en la importancia que el gobierno de turno prioriza para que en cada hogar dominicano no exista el analfabetismo, un cáncer que, sin darnos cuenta, corroe a todo un país.
Alienta la expresión del secretario de Educación, Melanio Paredes, durante el acto de clausura del Seminario Prácticas Educativas en la Gestión Docente, cuando dice que es una vergüenza que en el país exista un millón de personas iletradas. Aseguró Melanio Paredes que la República Dominicana sea declarada libre de analfabetismo en los próximos cuatro años y no en el 2015, como vaticinaron algunos sectores involucrados en los objetivos del Desarrollo del Milenio.
Aplaudo esta iniciativa del funcionario de Educación, toda vez que son muchos los secretarios que han pasado por esa cartera, sin tomar en cuenta que el país está sediento de que cada ciudadano sepa leer y escribir y, así escapar de la ignorancia en que se encuentran sumidos.
Porque en un país donde se fortalezca el sistema educativo, es una nación capaz de alcanzar todas las metas que se proponga, pese a todas sus limitaciones y, como dice el filósofo alemán Enmanuel Kant: Tan solo por la educación puede el hombre llegar a ser hombre. El hombre no es más que lo que la educación hace de él.
Atentamente,
Anneris Hernández Ortega
