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Responde a Isa Conde sobre Wessin
Señor director:

En mis años de juventud, cuando era estudiante de bachillerato, pertenecí a una organización estudiantil que se llamó Fuerza Juvenil por el Socialismo (FJS), del Partido Comunista Dominicano, PCD, que entonces lideraba el inadaptado Narciso Isa Conde.

 En esa organización político juvenil se nos enseñaron muchos valores que aún conservo en mi memoria. Pero de manera muy particular se nos enseñó el concepto de dialéctica y la forma en que ésta permite que un individuo pueda pensar hoy de una manera y mañana de otra.

Los años pasaron, y mi derecho a ser dialéctico, suceptible de movilidad política, me permitió hacer un cambio de vía en busca de una sociedad más justa.

Una tarde conocí al general Elías Wessin, quien ya con más años que yo, me explicó, siendo dialéctico, su visión política y su concepto de justicia social fundamentada en la paz, no en la guerra.

Sus palabras penetraron en mi mente de una manera tal que seguí visitándole y con el tiempo nos hicimos grandes amigos. Más tarde pasaría a ser miembro de su partido, del que ahora soy su vicepresidente.

En la edición de El Nacional, del domingo 26 de abril de este año, pude leer el artículo “La muerte al revés”, del “comunicador y político” Narciso Isa Conde, en el que acusa, con su ya trasnochado lenguaje, al general Elías Wessin de golpista y genocida, todo como pretexto para ensamblar un artículo sobre el aborto.

Reconozco el derecho del “comunicador y político” Isa Conde de favorecer el aborto, pero ello no incluye el derecho a tomar la figura del general Wessin para embarrarla con los adjetivos que lo hace.

Narciso Isa Conde, quien públicamente se ufana de pertenecer a cierta suerte de Buró que coordina, entre otras, a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, no tiene calidad moral para llamar genocida al general Wessin; pues, los muertos de las FARC superan con creces los de la revuelta armada de abril, en la que el general Wessin fue sólo uno de los protagonistas circunstanciales.

Dicho de otra manera, su derecho a ser un exportador de la muerte a través de las FARC, no incluye el de juzgar las acciones circunstanciales y responsables que sumió el general Wessin en abril de 1965, porque Wessin fue un dialéctico real, que, sin faltar a sus principios, jugó su papel en cada coyuntura histórica, al lado de los demócratas, comunistas y socialistas, porque Wessin fue un dialéctico hacia la paz, no un asesino intelectual que se sienta en un buró de la muerte a planificar cuándo y dónde se despedirán de esta dulce vida sus próximas víctimas.

Porque, gracias a Wessin, jóvenes como yo, que pudieron terminar su vida o encontrar la muerte en Centroamérica, víctimas de la alegoría adelantada de la obra de Salvador Dalí que alude a la metamorfosis, hoy tenemos hijos, esposas y vivimos felices sin involucrarnos ni en la exportación ni en la importación de la muerte.

Porque, gracias Wessin, hombres como yo promovemos una cultura de paz, lograda a través del diálogo, que nos permite ser plurales en la interacción y querer con el mismo amor a radicales y moderados, conscientes, como decía Ralph Waldo Emerson, de que “todo hombre es superior a mí en algo, en ese algo estoy dispuesto a aprender de él”.

Atentamente,

Emerson Soriano

El Nacional

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