Enfoque semanal
Señor director:
Desde los tiempos ya remotos en que los campesinos venían a las ciudades, por allá por las primeras décadas del siglo pasado, a cambiar pollos criollos por ropas y zapatos viejos, ha llovido mucho.
La evolución del negocio de la compra y venta de ropas usadas, dio lugar al nacimiento de las populares Agáchate Boutique del que ahora dependen cientos de familias.
Por eso causó revuelo la decisión del Director General de Aduanas, Miguel Cocco, de prohibir la importación de estas pacas de ropas, en cumplimiento de lo que dispone el Tratado de Libre Comercio con Centroamérica y Estados Unidos, además de razones sanitarias de peso, pues son prendas de vestir que llegan sin fumigar, y pueden ser vehículos de contaminación con virus, microbios o bacterias diversas.
La prohibición generó protestas en Dajabón, Jimaní, Pedernales y otras poblaciones fronterizas, donde el negocio de las ropas usadas es la principal fuente de ingresos.
Pero afortunadamente, Miguel Cocco no es sólo uno de los funcionarios más honestos y responsables del gobierno del Presidente Leonel Fernández, sino además de un hombre dotado de una gran sensibilidad, como corresponde a un militante de la utopía socialista y de recia formación cristiana.
Y por eso la medida quedó sin efecto, mientras el licenciado Cocco viajaba a las citadas poblaciones fronterizas, a ofrecer a sus habitantes alternativas económicas para que continuaran produciendo el sustento de sus familias en actividades comerciales más idóneas, como sería la instalación de panificadoras, costeadas totalmente por la Dirección General de Aduanas.
Y Miguel Cocco fue aún más lejos, pues ofreció saldar los pagarés pendientes de pago que tenían propietarios de vehículos de carga, cuya principal actividad es el transporte de estas pacas de ropas.
Los tiempos cambian, y ahora mucha gente de escasos recursos, especialmente mujeres jóvenes, pueden exhibir ropa de marcas exclusivas comprada a precios irrisorios en estas tiendas informales.
Pero hay que entender que esa actividad comercial, que nada tiene de pecaminosa, coloca a la República Dominicana en una posición nada envidiable, pues nos da una imagen de país, en extrema miseria, donde las gentes carece de recursos para adquirir ropas nuevas, cosa que no es verdad.
Los habitantes de muchas naciones ricas, inspirados muchas veces en filantropías de corte religioso, se sienten motivados a enviar las ropas que ya no quieren usar, como donativos al pueblo haitiano, pero no pueden alentarse que estas terminen en Santo Domingo y otras ciudades dominicanas, por el afán de lucro de comercios desaprensivos de ambos lados de la frontera.
El Director General de Aduanas anunció que en un plazo de un año, deberá cesar el negocio de las ventas de pacas de ropas usadas, y desde ya sería bueno que los comerciantes criollos dedicados a esa actividad, vayan buscando otras alternativas, por que la masificación de las Agáchate Boutique, perjudica, sin lugar a dudas a muchas fábricas de ropas, que emplean decenas de miles de obreras, y a cientos de tiendas que ven disminuir sus ventas por ser víctimas de una competencia desleal.
Atentamente,
Julio César Jerez Whisky
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La corrupción
Señor director:
Más de una vez se ha hablado de voluntad política como receta para terminar con la corrupción.
Y es que solamente con el esfuerzo del Presidente y los funcionarios a su servicio se terminará la corrupción.
Los medios de comunicación siempre han denunciado a los funcionarios corruptos, pero no siempre se ha visto la respuesta estatal.
Cuando un funcionario es cancelado por denuncias de que ha malversado fondos, lo correcto es investigarlo y someterlo a la Justicia. Nada hacen con retirarlo y mandarlo a disfrutar de lo robado.
Atentamente,
Ana Lidia Vásquez

