EEUU con puertas cerradas
Señor director:
Estados Unidos en crisis representa para América Latina una puerta cerrada. Sus brazos se abrieron hace 230 años para acoger sueños y esperanzas de todo el mundo, sobre todo de nuestro Tercer Mundo.
Crisis del capitalismo moderno o guerra especulativa, como sea, marca para los latinos el inicio de un modelo con tendencia a la autogestión y activa eficiencia.
Para Thomas Paine, la América de finales del siglo XVIII era el único lugar del mundo político donde podía comenzar el principio de la reforma universal, también era lo mejor del mundo natural. Tal afirmación partía, por supuesto, de sus referencias basadas en tiránicas y antiguas costumbres fuertemente arraigadas en el Viejo Mundo.
Esta sentencia recobra vigencia en las presentes circunstancias, si miramos al sureste de Estados Unidos. La reforma que propone este inglés revolucionario bien debe ser aplicada en este lado del Nuevo Mundo.
Con una gigantucha máquina productiva casi inactiva, las puestas cerradas de la Gran Nación planteans ese reto. Billones de dólares provenientes de EEUU han estado supliendo los presupuestos de estos países. Algunos, como el nuestro, abandonaron y descuidaron medios tradicionales de producción para soportar su economía en un renglón tan indigno e inestable como las llamadas remesas de EEUU y Europa. Nunca la dependencia y el parasitismo han generado reales riquezas.
Estamos en presencia de un triste drama social y económico: industrias, fuera y dentro de zonas francas, sin un mercado activo ni demandas crecientes. Las ruedas de la producción marchan lentamente, a punto de parar.
En cierto modo, una suerte de reforma o revolución ha sacado la cabeza en algunos países de América Latina. Menos corrupción administrativa, respeto de las libertades publicas, una justa distribución de las riquezas, un mayor control en la administración de justicia.
En la República Dominicana, estas reformas deben comenzar de cero. No podemos decir que en algunos de esos aspectos hayamos avanzado un poco. Todo lo contrario. El balance de las calificaciones otorgadas por organismos y entidades de estudios de opinión, bien acreditados nos sitúan a nuestro país y gobierno entre los más corruptos y menos empeñados en la salud y la educación básica.
En tales condiciones, no cabe duda de que la crisis financiera que estremece a Norteamérica les dará mas duro a los dominicanos. Desesperados y desprotegidos, como nos dejan estos gobiernos corruptos [y éste de Leonel Fernández y el PLD rompió el saco, dejando a perredeístas y reformistas como simples chivitos jartoe jobo en lo que a irrespeto, robo del erario e insensibilidad social se refiere]. La francachela y el boato le sacan la lengua a la pobreza de la manera más brutal e insensata posible.
Un escenario tan desigual e injusto es, naturalmente, caldo de cultivo de las agitaciones y protestas expresadas en la explosión social que ha ido arropando al país de manera espontánea y firme.
Para alcanzar la reforma, en lo que varios países de la región se nos han adelantado, es necesario hacer grandes cambios. Revisar las ofertas para desechar las que ofrecen más de lo mismo. O, por así decirlo, se han replicado mutuamente en una forma de alternabilidad ya viciada y delatada. Puesta en descubierto, mejor dicho.
Atentamente,
Eduardo Álvarez
