Enfoque semanal
Señor director:
La puesta en funcionamiento del ultramoderno sistema de tren subterráneo o Metro de Santo Domingo, en su primera etapa, ha sido recibido por la ciudadanía con un muy justificado alborozo.
Esto ha demostrado la visión de modernidad y progreso que tuvieron el presidente Leonel Fernández y el ingeniero Diandino Peña, al planificar y poner en marcha la monumental obra, la mayor jamás construida en el país hasta la fecha.
Se puede afirmar, con absoluta seguridad, que hay que hablar, en materia de transporte, de un antes y un después del Metro de Santo Domingo.
Atrás han quedado las críticas interesadas, especialmente provenientes de sectores que han hecho de su oposición al gobierno constitucional que encabeza el Partido de la Liberación Dominicana, apoyado por un amplio abanico de otras organizaciones políticas, la razón de su existencia.
Se alegó carencia de estudios, ausencia de una previa planificación, la no preparación del presupuesto que sería necesario invertir, pero la decisión de construirlo venció todos los obstáculos, reales o imaginarios, porque una vez que el Presidente Fernández toma la decisión, debidamente sopesada, ya no hay marcha atrás
No teníamos experiencia en construir una obra difícil y compleja, como lo es todo sistema de transporte subterráneo de pasajeros, pero esto no arredró a un profesional de la ingeniería de la talla de Diandino Peña, quien reunió un equipo de profesionales, de la más alta calificación, para que en los plazos prefijados y con la más rigurosa transparencia, la obra fuese la espléndida realidad que hoy es.
Con la construcción del Metro de Santo Domingo, y tal y como reza el lema publicitario con que se promociona el sistema, los dominicanos nos hemos subido al progreso.
Solo hay que escuchar las exclamaciones de asombro que brotan espontáneas de los labios de los miles de hombres, mujeres y niños que han estado haciendo recorrido gratuito entre el Centro de los Héroes y Villa Mella, para comprender que la aceptación del sistema ha adquirido ribetes de plesbicito unámine.
El viejo sistema de subirse a destartalados carros del concho, o a lentos autobuses sobrecargados de pasajeros, especialmente en las horas pico de la mañana y el atardecer, con los consabidos y molestos tapones, ha quedado definitivamente superado.
Ahora la Oficina para el Reordenamiento del Transporte, con el ingeniero Diandino Peña al timón, tiene por delante la ingente tarea de mantener el sistema funcionando con los más altos estándares de calidad y eficiencia.
Afortunadamente, se han tomado las previsiones necesarias y se cuenta con un equipo altamente calificado, que ha sido sometido a un riguroso entrenamiento tanto en el país como en el extranjero, para conducir o dar mantenimiento a los trenes y vagones, amén de otro personal que tendrá a su cargo la seguridad de las quince estaciones de subir y bajar en las dos direcciones que tiene la ruta.
Todo lo cual nos permite concluir diciendo que los quince o veinte mil millones de pesos invertidos en el Metro de Santo Domingo, con un gasto de capital altamente remunerativo, porque el ahorro de combustible y tiempo hará que en menos de una década se hayan recuperado esos valores.
Por ello, y como honrar honra, tal como reza el viejo adagio latino, hay que felicitar al presidente Leonel Fernández y al ingeniero Diandino Peña por esta obra deslumbrante.
Muchas gracias, señor director, por la publicación de estas líneas.
Atentamente,
Julio César Jerez Whisky
