Señor director:
El anuncio oficial del ingeniero Miguel Vargas Maldonado y su proyecto, de salir tras la presidencia del Partido Revolucionario Dominicano, soltará un gatillazo que precipita la competencia por la candidatura presidencial para el año 2012.
El proyecto MVP entiende que la presidencia del partido es una especie de dopaje político que le garantizaría una superioridad ostensible frente a los demás competidores por la candidatura presidencial.
A decir de ellos, es una jugada maestra que coloca en jaque a los opositores internos.
Frente esta situación, se producirá en lo inmediato una ruptura en el equilibrio de las fuerzas que han gravitado al interior del PRD en las últimas décadas. Además, los aprestos de centralización de poder, a mi juicio, meterán de lleno en la disputa a los liderazgos emergentes, incluyendo la juventud del partido, la cual demanda desde hace un tiempo mayores espacios de decisión.
Es probable también, que todo el sistema de arbitraje del partido se vaya a pique. Con lo que la confrontación no tendría limites establecidos.
Pero, por qué se llega a esto? He escuchado con asombro a más de uno del proyecto MVP justificar de manera denodada (a sabiendas de que están vulnerando la institucionalidad del partido en las narices de todos) que no hay ni habrá ningún problema, que la unidad estará garantizada, porque la suerte del partido se decidirá en una convención, será la expresión legítima de la decisión de la mayoría. Se tratará pues de un resultado absolutamente democrático. Esto evidencia que el problema se origina en una visión limitada del concepto de democracia, en el ejercicio olímpico de fundamentalismo y machismo político.
En la sociedad moderna, ésa en la que aspiramos vivir los jóvenes de hoy, la democracia no es sencillamente la imposición de la voluntad de la mayoría.
No es el resultado de mayorías mecánicas coyunturales. No, no lo es. La democracia es un sistema de valores y creencias compartidos que reconoce el derecho y la participación de todos, donde prevalecen la igualdad, la inclusión, la pluralidad, la libertad y la solidaridad como principios fundamentales para la convivencia, y que, por supuesto, estimula la competencia pero siempre apegada a las reglas de juego previamente establecidas.
Es muy lamentable que nos encontremos en este lío, precisamente en momentos en que la sociedad dominicana, atosigada por una crisis económica brutal, busca de manera desesperada el rastro luminoso del partido blanco para aferrarse a él, y seguir su trayectoria.
Afortunadamente, todo esto puede felizmente solucionarse. Todavía estamos a tiempo.
El proyecto MVP debe dar marcha atrás. Debe mantener el espacio para la cohabitación. Debe apostar a la institucionalidad, a la unidad. Así se garantizará la salud integral del partido, y con ello entonces, se salvaguardarán los anhelos de la mayoría de los perredeistas, que al día de hoy, vislumbran en el ingeniero Miguel Vargas la ruta más corta para retornar el partido al poder.
Atentamente,
Ing. Adolfo Pérez
Vicepresidente de la JRD
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Constituyente
Señor director:
Ante la oleada de opiniones sobre la reforma constitucional, expreso mis humildes consideraciones.
En cuanto a si la mentada reforma debe ser por Asamblea Revisora o Constituyente, creo que moral y éticamente debe hacerla la Constituyente. Los actuales legisladores lo son por los $100,000 que deben dar al partido, por el uso de los dineros distribuidos por el gobernante de turno, por empresarios inescrupulosos, el narcotráfico, por promesas demagógicas de todo tipo a los electores (cargos, apartamentos, tierra, obras…). Recuerde la responsabilidad en las autoasignaciones de sueldos insultantes, los barrilitos, el endeudamiento externo, el modelo neoliberal y las privatizaciones, la venta de partes del sagrado territorio nacional (minas, playas, carreteras ), leyes a favor de las multinacionales, los tratados de libre comercio, violaciones de sus propias resoluciones cambiando desde una letra, palabra o párrafo para favorecer a determinados grupos económicos y, para colmo, algunos ligados al tráfico de personas y al contrabando.
Es evidente su ilegitimidad.
En otro orden, creo que se le tiene mucho miedo a la ira del pueblo, que podría manifestarse en la Constituyente, por lo que se pretende una reforma que es para engañar a tontos, reforma que no es para el desarrollo y el cambio de este sistema indolente, corrupto y empobrecedor, reforma constitucional para perpetuar el » honor » y los irritantes privilegios de los ricos y las transnacionales que consigne, a su vez, la reeleción de lacayos y nefastos gobernantes.
Con sentimientos de Patria Para Todos,
Atentamente,
Dr. Ignacio Rodríguez Chiappini
