Enfoque semanal
Señor director:
La atención del mundo se volcó este martes 20 de enero hacia la capital de los Estados Unidos de América, porque, en un hecho sin precedentes en la historia política de ese país, un hombre de color, nacido en Honolulu, la capital de Hawai, el 4 de agosto del año 1961, llegaba a la Presidencia de la República.
Barack Hussein Obama se convirtió en el 44 Presidente de la gran potencia del Norte, porque llegó en el momento preciso, con el discurso oportuno, reflejando una nueva ética y haciendo historia en el proceloso mar de la política norteamericana, dominada por el capitalismo y los monopolios más descarnados.
Sin lugar a dudas que la gran mayoría del pueblo de los Estados Unidos estaba hastiado con la forma en que se enfrentaban, sin resolverse, sus graves problemas, y por eso fue que Barack Obama, senador por Illinois desde el 3 de enero del 2005 al 16 de noviembre del 2008, pudo alzarse con la victoria, ya que su compromiso con la transparencia en el manejo de los asuntos públicos, encarnaba el deseo de cambio que anida en su pueblo y especialmente entre su juventud.
Las credenciales de Obama son impecables, y por eso todo el mundo ha seguido de cerca su impresionante marcha hacia la cúspide del poder, y se pregunta, como lo ha hecho José Saramago, el gran escritor portugués Premio Nobel de Literatura, de dónde salió este hombre, no por que se ignore sus raíces étnicas, hijo de un abogado de igual nombre, nativo de la africana Kenia, que también estudió abogacía en Harvard, y de la antropóloga Ann Dunham, nativa de Wichita, Kansas, ni su currículo académico y político, sino porque logró conectar su carisma y su vocación de servicio con los más altos intereses de su país.
Y guardadas las distancias, porque las comparaciones a veces nos parecen improcedentes, creemos que Barack Obama, quién vivió en Yakarta, la capital de Indonesia hasta que cumplió diez años de edad, puede parangonarse con nuestro presidente Leonel Fernández, quien partió de Santo Domingo a Nueva York siendo un niño, para luego retornar a realizar una excepcional carrera pública, ya que son personalidades con rasgos físicos de cierta semejanza, pero sobre todo en el campo de la actividad política y académica.
Dos profesionales del derecho, jóvenes con grandes deseos de servir a sus pueblos, incursionan en la política con los mismos ideales de democracia y justicia social, logrando representar la corriente de cambio sacuden a las sociedades de la República Dominicana y los Estados Unidos, y por eso representan el nuevo modelo de justicia social con libertad.
Naturalmente que los retos que tiene por delante Barack Obama, como la crisis financiera, y especialmente gran recesión económica, que abate a los Estados Unidos, la mayor desde la del 1929, así como la lucha contra el terrorismo internacional, el calentamiento global y las guerras de desgaste que libran las tropas norteamericanas en Irak y Afganistán, son asuntos de mucha más envergadura que los que afronta en nuestro país el Presidente Leonel Fernández, aunque estos últimos tampoco son nada desdeñables, para un país de nuestra extensión territorial y poblacional.
Pero son problemas que ponen a prueba la capacidad de concertar, convencer y dialogar que deberán manejar con habilidad excepcional, en este cuatrenio que ahora comienza, tanto al presidente Fernández, como al presidente Obama, a quienes les deseamos el mayor de los éxitos, porque de sus triunfos dependerán en mucho que nuestro país, y el mundo caminen por sendas de convivencia, para que las confrontaciones ideológicas y económicas sean cosas de un pasado dejado atrás definitivamente a partir de esta aurora de esperanza.
Muchas gracias, señor Director, por la publicación de estas humildes opiniones.
Atentamente,
Julio César Jerez Whisky

