Opinión

Los lectores opinan

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Por los niños
Señor director:
Este es el momento preciso, el tiempo estratégico y la hora perfecta para pensar, analizar y emprender acciones a favor de los niños, no importa donde se encuentren.

Los niños son los que en el presente dan sentido a nuestras vidas y en el futuro darán frutos al mundo.

 Corrijámoslos con amor, con enseñanza, con palpables ejemplos.

 A diario revisemos sus tareas escolares, demos seguimiento al curso de sus estudios y jamás les estrujemos errores y defectos. Premiemos en público sus logros y buenas acciones y a solas señalemos los yerros cometidos.

No enviemos a nuestros niños al colmado a comprar cigarros y bebidas  alcohólicas. Alejemos a los niños de todo lo que significa peligro, y no permitamos los mayores que un grande abuse de un pequeño.

A veces sin querer aplicamos maltratos, cuando los apeamos de una silla para dársela a uno mas grande utilizando esta frase cuando nos llega visita a la casa: “Mira, dale la silla a la gente y vete para el patio”.

Otros maltratos, cuando lo enviamos sin comer, sucios y desaliñados a la escuela, cuando le pegamos para descargar nuestra rabia, porque perdimos en el juego y cuando la pareja discute y pelea en su presencia.

Aunque observemos a nuestros niños  sanos, llevémoslo periódicamente al pediatra, porque el especialista siempre tiene algo qué decirnos.

Los niños, son niños cuando hacen cosas de niños, juegan, se bañan y estudian. Jamás le demos participación en asuntos que sólo competen a los grandes.

 Todos tenemos el sagrado compromiso de propiciar a los niños una vida digna. Alguien de entre nosotros se habrá hecho esta pregunta: ¿Qué estoy haciendo por los niños?

El mundo de los niños es real, ayudémosles a descubrirlo.

Atentamente,

Nélsido Herasme

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El hábito y el monje
Señor director:
Los capítulos siete y veintitrés de San Mateo, en sus versículos tres veinticuatro, dicen: ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y traigáis camello!

La cita es oportuna a propósito del papel ridículo que está haciendo el Senado de la República al colocar en la puerta de acceso de visitas un cartel que expresa: Se prohíbe entrar con: tenis, zapatillas, t-shirt, bermudas, licras, gorras, lentes oscuros, blusas sin mangas, y otros.

No sabemos si ese otros se refiere a medias de bolitas, pantaloncillos de campanas o colalé.

Si el mandato fuera para el personal de planta, se podría admitir cono un recurso de disciplina interna, justificado si la institución provee de uniforme a todo su personal, que no es el caso, porque el mensaje va dirigido al público.

Estoy plenamente seguro que, si los legisladores hubieran advertido a sus electores sobre la intención de tomar una medida de esa naturaleza, hoy estarían en sus casas, dedicados a otras actividades.

Sería bueno que se explicara qué precepto moral, cual de los Mandamientos o qué ley se viola cuando se ingresa a cualquier recinto público con ese tipo de prenda.

Ninguno de los escándalos en que se ha visto envuelto el Senado guarda relación con la vestimenta ni lo ha protagonizado gente con la “pinta en cuestión”.

Esa medida no es más que un acto de parejeria, además de un atropello a la libertad de tránsito y al libre ingreso a los espacios públicos.

Al leer semejante ridiculez, no queda más remedio que recordar el famoso personaje que, para cocinar, lavaba los huevos y escupía el aceite para probar si estaba caliente.

Atentamente,

Julio Rosa

El Nacional

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